Una víctima de un atentado de ETA denuncia el uso interesado de su dolor por parte del PP
"Señor presidente: yo sé quién empuña las pistolas"
ELPLURAL.COM
Javier Pérez Aja, destacado militante del Partido Socialista de Euskadi, sufrió un atentado de ETA el 10 de junio de 1997 a consecuencia del cual estuvo 45 días en coma. Hoy publica una conmovedora carta en El País en la que denunica el uso interesado por parte del PP de las víctimas del terrorismo. En ella llega a afirmar que se siente agredido "por quien dispara contra mí disparando contra el presidente del Gobierno balas de indignidad, de miseria moral, de oportunismo político y de indecencia ética". Por su interés, reproducimos la carta de Pérez Aja.
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Uso interesado
Me llamo Javier Pérez Aja. Y debo de tener buena suerte, porque estuve muerto en vida cuarenta y cinco días. Al menos, eso dicen, porque me dejaron en coma profundo durante ese tiempo.
Y llevamos ya demasiado tiempo asistiendo al uso interesado de nuestro dolor para usarlo en la confrontación política. ¡Qué siniestra paradoja! Que nuestro dolor se haya convertido en un arma para hacer daño a los que no piensan como ellos. Ésa es la triste y penosa verdad del uso que la derecha reaccionaria, populista y demagoga hace de nosotros, las víctimas. Primero nos convirtieron en un muestrario que enseñar en las manifestaciones del odio los sábados por la tarde. Más tarde, en un ariete para castigar al presidente del Gobierno.
Ahora ya sólo servimos para teñir de sentimentalismo un pobre discurso electoral. De un tiempo a esta parte tengo también la sensación angustiosa de que me hacen revivir mi muerte para que odie a mis amigos, a mis compañeros, a mis familiares, a los que me quieren. Y es que el que acusa al presidente del Gobierno de agredir a las víctimas no calcula la idea tan horrible que su cruel acusación encierra.
¿Agredir? yo sólo me siento agredido por la maldad de los asesinos -de los que intentaron asesinarme-, por el silencio de sus cómplices, por el interés calculado de los que nos hacen convivir con este horror porque comparten la idea final de su proyecto. Yo sí que me siento agredido por quien dispara contra mí disparando contra el presidente del Gobierno balas de indignidad, de miseria moral, de oportunismo político y de indecencia ética.
Señor presidente, querido José Luis: yo sé quién empuña las pistolas; quién activa los detonadores. Sé bien quiénes lucháis contra ellos. Sé bien cómo sufren las familias de las víctimas. Lo que sufre mi familia.
Y lo sé no porque lo haya hablado, sino por lo contrario, porque guardamos un silencio impregnado de tanta tristeza como de respeto por los que no pueden compartir con sus familias la alegría de la vida. Deseo que no haya más odio criminal ni más odio electoral. Pido la paz y la palabra.
Carta publicada por el diario El País el 27 de febrero de 2008
miércoles, 27 de febrero de 2008
martes, 26 de febrero de 2008
DEBATE
Después del fervor de la batalla llega el momento de plantear con serenidad las conclusiones del debate cara a cara entre Zapatero y Rajoy. Mi impresión personal es que el empate es el resultado más objetivo si nos desprendemos de las simpatías ideológicas que unos y otros tenemos. Me gusta ser sincero con mis lectores y esta vez no será la excepción. Las encuestas pueden dar ganador a Zapatero pero no se puede negar que Rajoy puso contra las cuerdas al presidente al tener mucho más preparado el debate en las cuestiones que psicólogos y sociólogos denominamos de "forma", a pesar de algunos errores estéticos que no pasaron desapercibidos. Zapatero no estuvo a su nivel y Rajoy estuvo por encima del suyo. Pero hay tanta diferencia de partida que aún así al presidente le bastó para ganar, como dicen, a los puntos.
Mi primera impresión es que el equipo de asesores del presidente del gobierno deja mucho que desear. Lo dejaron vendido con una estrategia pésima y monótona, y no le dotaron de los recursos suficientes como para convencer y ganar el debate: jugaron al empate y casi perdieron. No le prepararon como se debe las respuestas a las posibles replicas de Rajoy, lo que se denomina las contrarreplicas. No dieron contestación a las 4 ideas repetitivas que sabíamos todos que iba a utilizar el líder de la oposición, eso debería estar machacado y no lo estaba ¿acaso no sabíamos que iban a hablar del precio del pan? Esto provocó que durante unos momentos (breves afortundamente), poco después de empezar el debate, Zapatero se viese encerrado por la agresividad de Rajoy. Una pena llegar a este tipo de eventos con tan poca preparación técnica. Rajoy estuvo seguro con las mentiras. Zapatero inseguro con las evidencias. ¿Cómo puede ser esto? Tirón de orejas a Pepe Blanco.
Rajoy mintió, faltó al respeto y eludió los debates que no le interesaban. Sus asesores tenían el debate milimetrado y torpedeados todos los discursos del presidente; ellos sí hicieron un gran trabajo. Por ejemplo entendieron que había que boicotear el discurso social del presidente, por lo que Rajoy se llevó ese bloque exclusivamente al tema de la inmigración para obligar a Zapatero a responder y obviar los logros sociales del gobierno. Zapatero entendió el ordago pero no lo aplacó del todo, pues falló clamorosamente en la forma de responder limitándose a decir que "hablaría de eso más adelante". No le hubiese costado al presidente decir "la inmigración es un tema importantísimo, que nos ocupa y preocupa y por el que trabajamos con eficacia todos los días, pero de eso le hablaré después porque este bloque es de política social y de política social quiero hablar, veo que usted no y eso le delata, los ciudadanos son testigos". Esto es mucho más eficaz que decir simplemente "después hablaremos" porque millones de ciudadanos entendieron que Zapatero se sacudía el problema. Mal.
Las menciones a Bush no sé de quien sería idea pero me pareció patético e impropio de Zapatero, seguro que no ha salido de él. El interrumpir a Rajoy, señores asesores del presidente, cuando el candidato el PP (al menos al principio) no lo hacía, es un sintoma de "debilidad" pues estéticamente parece que el presidente está tan desbordado que tiene que torpedear al rival, muy mal, muy mal. Además no es propio del talante del presidente el entrar en esos trapos, no fueron fieles con su imagen. Realmente descorazonador que teniendo a Solbes llevase tan mal planteado el debate económico. Muy mal el enseñar los gráficos en una libreta, muy mal. No es serio pues plantea que viene con un libreto de datos a aburrirnos. Hay que ser concreto y tener bien preparados aquellos que tienes que mostrar. Hasta el color de la corbata hacía un feo favor al presidente pues le apagaba demasiado, mal.
Hay tantos matices que podría aburrir a las ovejas. Pero no quiero parecer un cenizo. Rajoy tuvo al presidente bajo mínimos y no lo aprovechó. No propuso nada y se dedicó a morder para darle el gusto a sus votantes. No creo que haya convencido a muchos indecisos, Zapatero tampoco desde luego. Uno lleva una trayectoria y una potente labor de gobierno a sus espaldas; el otro un equipo de ideólogos y expertos que saben muy bien como tienen en que encarar un debate en el fondo y en las formas. Lo triste de esto es que la verdad empata con la mentira, eso nunca debe pasar. Zapatero tenía la posibilidad de hundir a Rajoy. No lo hizo, una vez más la manipulación empató con la transpariencia. Porque como se dice, cuando sales a empatar, casi siempre pierdes. Ayer no se perdió porque Rajoy se pasó de frenada. Menos mal.
He pensado que me podría dedicar unas buenas horas a prepararle (casi literalmente) un discurso de debate a Zapatero para el próximo debate, desde mi humildad y valiendome de mis conocimientos como psicólogo, amén de los políticos. He pensado que podría mandarselo (no sé como) pero que no le llegaría o que se apropiarían de estas ideas algunos de los que ayer le llevaron a la mediocridad, no se lo merecen. He pensado en colgar aquí esas directrices por si alguien del entorno del presidente quiere hacer uso pero también pienso que podrían poner en alerta a los asesores de Rajoy. No sé qué hacer. No soy nadie (no lo tomeis como una chulería) pero de lo poco que sé, sería suficiente para poner en tantos aprietos a Rajoy que pase vergüenza y sudores fríos. Os podría poner ejemplos pero me los reservo. Desde la humildad y desde el corazón. Por favor, el segundo debate debe ser otra historia. Me ofrezco para lo que haga falta.
La Sombra de Aznar
Mi primera impresión es que el equipo de asesores del presidente del gobierno deja mucho que desear. Lo dejaron vendido con una estrategia pésima y monótona, y no le dotaron de los recursos suficientes como para convencer y ganar el debate: jugaron al empate y casi perdieron. No le prepararon como se debe las respuestas a las posibles replicas de Rajoy, lo que se denomina las contrarreplicas. No dieron contestación a las 4 ideas repetitivas que sabíamos todos que iba a utilizar el líder de la oposición, eso debería estar machacado y no lo estaba ¿acaso no sabíamos que iban a hablar del precio del pan? Esto provocó que durante unos momentos (breves afortundamente), poco después de empezar el debate, Zapatero se viese encerrado por la agresividad de Rajoy. Una pena llegar a este tipo de eventos con tan poca preparación técnica. Rajoy estuvo seguro con las mentiras. Zapatero inseguro con las evidencias. ¿Cómo puede ser esto? Tirón de orejas a Pepe Blanco.
Rajoy mintió, faltó al respeto y eludió los debates que no le interesaban. Sus asesores tenían el debate milimetrado y torpedeados todos los discursos del presidente; ellos sí hicieron un gran trabajo. Por ejemplo entendieron que había que boicotear el discurso social del presidente, por lo que Rajoy se llevó ese bloque exclusivamente al tema de la inmigración para obligar a Zapatero a responder y obviar los logros sociales del gobierno. Zapatero entendió el ordago pero no lo aplacó del todo, pues falló clamorosamente en la forma de responder limitándose a decir que "hablaría de eso más adelante". No le hubiese costado al presidente decir "la inmigración es un tema importantísimo, que nos ocupa y preocupa y por el que trabajamos con eficacia todos los días, pero de eso le hablaré después porque este bloque es de política social y de política social quiero hablar, veo que usted no y eso le delata, los ciudadanos son testigos". Esto es mucho más eficaz que decir simplemente "después hablaremos" porque millones de ciudadanos entendieron que Zapatero se sacudía el problema. Mal.
Las menciones a Bush no sé de quien sería idea pero me pareció patético e impropio de Zapatero, seguro que no ha salido de él. El interrumpir a Rajoy, señores asesores del presidente, cuando el candidato el PP (al menos al principio) no lo hacía, es un sintoma de "debilidad" pues estéticamente parece que el presidente está tan desbordado que tiene que torpedear al rival, muy mal, muy mal. Además no es propio del talante del presidente el entrar en esos trapos, no fueron fieles con su imagen. Realmente descorazonador que teniendo a Solbes llevase tan mal planteado el debate económico. Muy mal el enseñar los gráficos en una libreta, muy mal. No es serio pues plantea que viene con un libreto de datos a aburrirnos. Hay que ser concreto y tener bien preparados aquellos que tienes que mostrar. Hasta el color de la corbata hacía un feo favor al presidente pues le apagaba demasiado, mal.
Hay tantos matices que podría aburrir a las ovejas. Pero no quiero parecer un cenizo. Rajoy tuvo al presidente bajo mínimos y no lo aprovechó. No propuso nada y se dedicó a morder para darle el gusto a sus votantes. No creo que haya convencido a muchos indecisos, Zapatero tampoco desde luego. Uno lleva una trayectoria y una potente labor de gobierno a sus espaldas; el otro un equipo de ideólogos y expertos que saben muy bien como tienen en que encarar un debate en el fondo y en las formas. Lo triste de esto es que la verdad empata con la mentira, eso nunca debe pasar. Zapatero tenía la posibilidad de hundir a Rajoy. No lo hizo, una vez más la manipulación empató con la transpariencia. Porque como se dice, cuando sales a empatar, casi siempre pierdes. Ayer no se perdió porque Rajoy se pasó de frenada. Menos mal.
He pensado que me podría dedicar unas buenas horas a prepararle (casi literalmente) un discurso de debate a Zapatero para el próximo debate, desde mi humildad y valiendome de mis conocimientos como psicólogo, amén de los políticos. He pensado que podría mandarselo (no sé como) pero que no le llegaría o que se apropiarían de estas ideas algunos de los que ayer le llevaron a la mediocridad, no se lo merecen. He pensado en colgar aquí esas directrices por si alguien del entorno del presidente quiere hacer uso pero también pienso que podrían poner en alerta a los asesores de Rajoy. No sé qué hacer. No soy nadie (no lo tomeis como una chulería) pero de lo poco que sé, sería suficiente para poner en tantos aprietos a Rajoy que pase vergüenza y sudores fríos. Os podría poner ejemplos pero me los reservo. Desde la humildad y desde el corazón. Por favor, el segundo debate debe ser otra historia. Me ofrezco para lo que haga falta.
La Sombra de Aznar
sábado, 23 de febrero de 2008
¡A POR ELLOS!

La plaza estaba a rebosar, se respiraba libertadsin ira, pero con orgullo de ser SOCIALISTA.
Nuestro lider, con sinceridad, con la fortaleza que le da la ideología socialdemócrta de favorecer a los "menos favorecidos", con la fortaleza que le da el recuperar la memoria histórica de los que quiere justicia y reconocimiento, nos ha llenado de esperanza.
A VOTAR
A VOTAR PARA QUE LOS CUERVOS NO VUELVAN
SIN RENCOR, CON ALEGRÍA Y CON ORGULLO
QUE NO NOS HICIERON CALLAR
NI NOS AMENDRENTARÁN EL 9M
Y SIN OLVIDAR, SIN OLVIDAR A LOS NUESTROS
A LOS NUESTROS QUE CAYERON UN 3M DE 1976
MASACRADOS EN UNA IGLESIA POR "DEMOCRATA DE SIEMPRE"
A VOTAR, A VOTAR, A VOTAR....
POR JUSTICIA Y POR EL SOCIALISMO
JAVIER MENDEZ-VIGO
miércoles, 20 de febrero de 2008
DESDE LA HABANA
escrito por J.M.
miércoles, 20 de febrero de 2008
Conocimos la noticia de la noticia de la renuncia de Fidel a presentarse como presidente la mañana del día 19 de febrero, muy cerca de la escalinata universitaria de la Universidad de La Habana, en una calle desde donde descendieron decenas de manifestaciones estudiantiles contra la dictadura de Batista. Eran las 8:00 de la mañana y estábamos a la búsqueda de transporte, como cada día desde hacía cinco, para dirigíamos a la Feria del Libro de La Habana.
A llegar a nuestro puesto en recinto de la Feria, en la fortaleza militar de La Cabaña, comentamos la noticia a la trabajadora social con la que nos ha estado ayudando. Ella tiene los rasgos inconfundibles de una mujer joven perteneciente a la clase de los oprimidos: humilde, despierta y orgullosa de su país y su revolución. Aún no conocía la noticia cuando se lo dijimos. Salió disparada del stand y al poco volvió con un ejemplar de Granma en las manos. Nos dimos cuenta que tenía los ojos llenos de lágrimas y nos abrazó, a cada uno de los cuatro compañeros que estábamos en el stand, en un profundo gesto de tristeza.
La renuncia de Fidel ha tenido un gran impacto emocional en Cuba, por más que todos intuyeran desde hace más de uno año que ya no podría jugar, tras su enfermedad, el papel de máximo dirigente de la revolución cubana.
Fidel pertenece a una generación extremadamente joven, valiente y audaz que en los años 50 decidieron dar un sentido a su vida entregándola por entero a la liberación del pueblo cubano de su opresión nacional y a la lucha por la justicia social. En un momento determinado, cuando el imperialismo y la oligarquía local estaba completamente desbocada con sus acciones de terrorismo y sabotaje contra la revolución, Fidel no cedió y empujó la revolución hacia adelante nacionalizando todas las empresas multinacionales y nacionales ubicadas en el país. La economía nacionalizada, la supresión del capitalismo, permitió que la población de la Isla alcanzase niveles de educación y salud completamente impensables, todavía hoy (a pesar del bloqueo, del desplome de la URSS y de los precios del azúcar en el mercado mundial) en cualquier país capitalista latinoamericano, y que incluso se comparan favorablemente con los de países capitalistas avanzados.
Otro de los grandes méritos de Fidel es el de haber mantenido, en condiciones extremadamente difíciles, una férrea oposición a la restauración del capitalismo cuando la burocracia soviética destruyó la economía planificada y restauró el capitalismo en los países de la antigua URSS.
Para millones de personas en el mundo Fidel simboliza una revolución que ha sido capaz de resistir, durante 50 años, y en condiciones de extrema dureza, a la maquinaria militar más destructiva de la Tierra. La revolución cubana ha dado una dignidad al pueblo cubano jamás alcanzada en las etapas modernas precedentes, marcadas por la esclavitud y la más insultante desigualdad social.
Es lógico que su figura suscite la mayor hostilidad por parte de los poderosos. Por la misma razón es un deber revolucionario defenderla frente al imperialismo y al capitalismo.
La renuncia de Fidel se produce en un contexto de tremenda ebullición política, en el que un segmento importante de la población es consciente de estar en un punto de inflexión en la historia del país. ¿Sobrevivirá la revolución cubana a la renuncia de Fidel? ¿Se preservarán sus conquistas sociales? ¿Qué solución hay para incrementar la capacidad de compra de los salarios? Ese es el trasfondo político de todas las opiniones y sentimientos que se expresan acerca del futuro de Cuba, aunque no siempre se expresen de un modo claro y consciente.
De un año para acá, es decir, desde la última Feria Internacional del Libro de La Habana, hemos percibido que, de un modo más o menos generalizado, se ve como razonable la introducción de medidas de mercado (en realidad de más medidas de mercado) para mejorar el socialismo. Hemos escuchado estas afirmaciones incluso por parte de gente que sinceramente quiere hacer avanzar la revolución y que está radicalmente en contra de la restauración capitalista. Es sorprendente la homogeneidad de criterios que tienen muchísimos taxistas, que como buenos cubanos no dejaban de dar conversación en nuestro trayecto diario de ida y vuelta a La Cabaña, respecto a la necesidad de aprovechar "lo bueno del capitalismo, sin renunciar al socialismo". ¿De donde surgen estas ideas? Una vez preguntamos directamente a uno de ellos qué consideraba que tenía de bueno el socialismo, y la respuesta era clara: la educación y la sanidad gratuita y accesible a toda la población. "Lo bueno del capitalismo", en su imaginación, era disponer de más ingresos aunque en la práctica sería todo lo contrario, al menos para la inmensa mayoría de la población. Estas son las ideas de la llamada "vía china", que además son jaleadas, aplaudidas y alentadas por la prensa burguesa a nivel internacional.
La revolución cubana tiene enormes reservas de apoyo político y social, pero es evidente que por sí mismas no son suficientes para impedir con seguridad una gradual restauración del capitalismo. Entre algunos sectores de la población existe una gran dosis de ingenuidad respecto a lo que es el capitalismo. La realidad es que la introducción del capitalismo tendría efectos devastadores en Cuba y la sociedad cubana retrocedería décadas.
También hemos notado que el segmento más comprometido con la revolución intuye este peligro y trata de inspirarse en el experiencia histórica de la clase obrera mundial y en la teoría marxista, que viene a ser lo mismo, para tratar hacer avanzar la revolución. La extensión de la revolución a otros países y la participación consciente de la clase obrera en todos los aspectos de la vida política, económica y social es la clave para el futuro de la revolución cubana. No es ninguna casualidad que la figura de Trotsky haya suscitando tanto interés en la Feria del Libro, como quedó evidenciado en el acto de presentación de la Revolución Traicionada.
Muchos cubanos han sentido que la renuncia de Fidel simboliza el fin de una etapa histórica, pero nuestro deber no es llorar sino comprender. El futuro no está determinado de antemano y la preservación y profundización de las conquistas históricas de la revolución dependerán de la claridad teórica y de la audacia de los sectores más avanzados de clase obrera y la juventud cubana.
EL MILITANTE
miércoles, 20 de febrero de 2008
Conocimos la noticia de la noticia de la renuncia de Fidel a presentarse como presidente la mañana del día 19 de febrero, muy cerca de la escalinata universitaria de la Universidad de La Habana, en una calle desde donde descendieron decenas de manifestaciones estudiantiles contra la dictadura de Batista. Eran las 8:00 de la mañana y estábamos a la búsqueda de transporte, como cada día desde hacía cinco, para dirigíamos a la Feria del Libro de La Habana.
A llegar a nuestro puesto en recinto de la Feria, en la fortaleza militar de La Cabaña, comentamos la noticia a la trabajadora social con la que nos ha estado ayudando. Ella tiene los rasgos inconfundibles de una mujer joven perteneciente a la clase de los oprimidos: humilde, despierta y orgullosa de su país y su revolución. Aún no conocía la noticia cuando se lo dijimos. Salió disparada del stand y al poco volvió con un ejemplar de Granma en las manos. Nos dimos cuenta que tenía los ojos llenos de lágrimas y nos abrazó, a cada uno de los cuatro compañeros que estábamos en el stand, en un profundo gesto de tristeza.
La renuncia de Fidel ha tenido un gran impacto emocional en Cuba, por más que todos intuyeran desde hace más de uno año que ya no podría jugar, tras su enfermedad, el papel de máximo dirigente de la revolución cubana.
Fidel pertenece a una generación extremadamente joven, valiente y audaz que en los años 50 decidieron dar un sentido a su vida entregándola por entero a la liberación del pueblo cubano de su opresión nacional y a la lucha por la justicia social. En un momento determinado, cuando el imperialismo y la oligarquía local estaba completamente desbocada con sus acciones de terrorismo y sabotaje contra la revolución, Fidel no cedió y empujó la revolución hacia adelante nacionalizando todas las empresas multinacionales y nacionales ubicadas en el país. La economía nacionalizada, la supresión del capitalismo, permitió que la población de la Isla alcanzase niveles de educación y salud completamente impensables, todavía hoy (a pesar del bloqueo, del desplome de la URSS y de los precios del azúcar en el mercado mundial) en cualquier país capitalista latinoamericano, y que incluso se comparan favorablemente con los de países capitalistas avanzados.
Otro de los grandes méritos de Fidel es el de haber mantenido, en condiciones extremadamente difíciles, una férrea oposición a la restauración del capitalismo cuando la burocracia soviética destruyó la economía planificada y restauró el capitalismo en los países de la antigua URSS.
Para millones de personas en el mundo Fidel simboliza una revolución que ha sido capaz de resistir, durante 50 años, y en condiciones de extrema dureza, a la maquinaria militar más destructiva de la Tierra. La revolución cubana ha dado una dignidad al pueblo cubano jamás alcanzada en las etapas modernas precedentes, marcadas por la esclavitud y la más insultante desigualdad social.
Es lógico que su figura suscite la mayor hostilidad por parte de los poderosos. Por la misma razón es un deber revolucionario defenderla frente al imperialismo y al capitalismo.
La renuncia de Fidel se produce en un contexto de tremenda ebullición política, en el que un segmento importante de la población es consciente de estar en un punto de inflexión en la historia del país. ¿Sobrevivirá la revolución cubana a la renuncia de Fidel? ¿Se preservarán sus conquistas sociales? ¿Qué solución hay para incrementar la capacidad de compra de los salarios? Ese es el trasfondo político de todas las opiniones y sentimientos que se expresan acerca del futuro de Cuba, aunque no siempre se expresen de un modo claro y consciente.
De un año para acá, es decir, desde la última Feria Internacional del Libro de La Habana, hemos percibido que, de un modo más o menos generalizado, se ve como razonable la introducción de medidas de mercado (en realidad de más medidas de mercado) para mejorar el socialismo. Hemos escuchado estas afirmaciones incluso por parte de gente que sinceramente quiere hacer avanzar la revolución y que está radicalmente en contra de la restauración capitalista. Es sorprendente la homogeneidad de criterios que tienen muchísimos taxistas, que como buenos cubanos no dejaban de dar conversación en nuestro trayecto diario de ida y vuelta a La Cabaña, respecto a la necesidad de aprovechar "lo bueno del capitalismo, sin renunciar al socialismo". ¿De donde surgen estas ideas? Una vez preguntamos directamente a uno de ellos qué consideraba que tenía de bueno el socialismo, y la respuesta era clara: la educación y la sanidad gratuita y accesible a toda la población. "Lo bueno del capitalismo", en su imaginación, era disponer de más ingresos aunque en la práctica sería todo lo contrario, al menos para la inmensa mayoría de la población. Estas son las ideas de la llamada "vía china", que además son jaleadas, aplaudidas y alentadas por la prensa burguesa a nivel internacional.
La revolución cubana tiene enormes reservas de apoyo político y social, pero es evidente que por sí mismas no son suficientes para impedir con seguridad una gradual restauración del capitalismo. Entre algunos sectores de la población existe una gran dosis de ingenuidad respecto a lo que es el capitalismo. La realidad es que la introducción del capitalismo tendría efectos devastadores en Cuba y la sociedad cubana retrocedería décadas.
También hemos notado que el segmento más comprometido con la revolución intuye este peligro y trata de inspirarse en el experiencia histórica de la clase obrera mundial y en la teoría marxista, que viene a ser lo mismo, para tratar hacer avanzar la revolución. La extensión de la revolución a otros países y la participación consciente de la clase obrera en todos los aspectos de la vida política, económica y social es la clave para el futuro de la revolución cubana. No es ninguna casualidad que la figura de Trotsky haya suscitando tanto interés en la Feria del Libro, como quedó evidenciado en el acto de presentación de la Revolución Traicionada.
Muchos cubanos han sentido que la renuncia de Fidel simboliza el fin de una etapa histórica, pero nuestro deber no es llorar sino comprender. El futuro no está determinado de antemano y la preservación y profundización de las conquistas históricas de la revolución dependerán de la claridad teórica y de la audacia de los sectores más avanzados de clase obrera y la juventud cubana.
EL MILITANTE
martes, 19 de febrero de 2008
POR LA DIGNIDAD

La iniciativa de Rajoy encontrará una masiva respuesta en la calle
Colectivos de inmigrantes se manifiestan este sábado contra el “chantaje” del "contrato" del PP
ANDRÉS VILLENA OLIVER
El polémico contrato para los inmigrantes propuesto por Rajoy va a encontrar una respuesta masiva en la calle. En este sentido, muchas asociaciones de inmigrantes y sindicatos han convocado manifestaciones en muchas ciudades españolas para este sábado 23 de febrero. Ofendidos por la implícita vinculación entre inmigración y delincuencia y preocupados por el carácter “utilitarista” de la propuesta del PP –que reduce a este importante colectivo al mero concepto de mano de obra- numerosos colectivos de inmigrantes saldrán a las calles este sábado para reivindicar sus “derechos como personas”.
Mariano Rajoy anunció el pasado 9 de febrero en Barcelona su intención de promover, si el PP gana las elecciones, la creación de un “contrato de integración” que exigiría a los inmigrantes respetar las leyes y costumbres españolas, así como mostrar voluntad de integración y encontrar un trabajo; en caso contrario, estos tendrían que regresar a su país. Pensada para captar votantes, esta propuesta, criticada por el ministro Rubalcaba de tener “un tufillo xenófobo”, va a acabar por provocar una respuesta masiva probablemente no esperada por los dirigentes populares.
Derechos como personas
En este sentido y según informó Europa Press, plataformas y asociaciones de inmigrantes de toda España están llamadas a manifestarse el próximo sábado 23 de febrero en distintas capitales españolas para reivindicar sus "derechos como personas" y protestar por esta iniciativa del Partido Popular.
Muchas capitales
Estos actos de protesta están programados alrededor de las siete de la tarde y, entre otras, tendrán lugar en capitales como Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Granada, Canarias, País Vasco o Asturias. Además, no solo son los colectivos de inmigrantes los que convocan, sino sindicatos que, como la CGT en Cataluña, han llamado a salir a las calles para pedir “una nueva regularización”, así como la “flexibilización de los requisitos para la reagrupación familiar”.
Concentración “cultural”
Resulta interesante resaltar el contenido cultural de estas protestas, pues protagonizarán, al mismo tiempo, "muchas actividades culturales", con comidas típicas y bailes regionales procedentes de distintos países del mundo. El objetivo: “Decirle a la sociedad española que nosotros no sólo somos mano de obra, que somos personas con una cultura, en muchos casos, milenaria”.
Voto xenófobo
Algunos colectivos de inmigrantes, como la Federación Estatal de Asociaciones de Inmigrantes y Refugiados (Ferine), consideran que la preocupante iniciativa propuesta por el PP busca “captar el voto de quienes están contra la inmigración alimentando el racismo y la xenofobia".
Ni legítimo ni ético
Estas asociaciones vienen desde hace días criticando lo que consideran una “visión utilitarista de las personas” y una “violación” de sus derechos “como individuos”. En este sentido, Aida Quinatoa, presidenta de la Coordinadora Nacional de Ecuatorianos en España (CONADEE), criticó hace unos días la enorme hipocresía de ciertos sectores de la sociedad española: “No es legítimo ni ético que por circunstancias externas a la economía española, estos trabajadores que contribuyeran en su tiempo a crear riqueza en este país, sean obligados a abandonar el mismo por haber perdido su trabajo”.
Poderoso chantaje
Una condición que “dejaría en manos del empleador la suerte del inmigrante” al proporcionarle “un arma muy poderosa de chantaje”.
Inmigración, paro y delincuencia
Por su parte, la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España y la propia Ferine, junto al Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR), ponen el acento en denunciar que la propuesta "equipara delincuencia e inmigración e inmigración con paro" y "utiliza los derechos como moneda de cambio".
Más asociaciones
En paralelo, siete entidades de representación de inmigrantes han promovido un manifiesto que, en siete puntos, resume las impresiones del colectivo sobre la iniciativa del PP: "hace un flaco favor" y "dibuja una sociedad que no reconoce derechos a los trabajadores".
Rechazo Europeo
Por otro lado, el Parlamento Europeo ha rechazado el intento del PP de incluir su propuesta del contrato para inmigrantes en un informe sobre prevención del terrorismo islamista
Pedro Zerolo
En este sentido, el secretario de Movimientos Sociales del PSOE, Pedro Zerolo, afirmó ayer que “el corazón democrático de Europa ha dado un no rotundo a Rajoy y su contrato para inmigrantes” y se ha demostrado “la soledad institucional y el nulo eco que tienen en Europa las propuestas del PP en materia de integración de los inmigrantes”.
avillena@elplural.com
sábado, 16 de febrero de 2008
COMO SE LAS GASTA LA DERECHA
Con todos los indicadores favorables a Zapatero en relación a Rajoy –y con 10 puntos de ventaja para el PSOE en cuanto a intención directa de voto-, resulta que, sin embargo, el CIS ha pronosticado empate técnico y ha aventurado que el 9 de marzo los socialistas pueden ganar por un margen extraordinariamente estrecho, el de un 1´5 puntos. O sea, por nada o casi nada.
Pero, eso sí, de confirmarse el vaticinio del CIS, se trataría de un resultado ligeramente mejor en las urnas del que obtuviera Aznar el 3 de marzo de 1996, cuando ganó por poco más de un punto (1´16) al PSOE de Felipe. Fueron aquellas las primeras elecciones -hace ahora 12 años- en las que venció Aznar. Pudo el PP al fin formar Gobierno, aunque por los pelos y gracias a la colaboración de CiU, Coalición Canaria y, como guinda, el PNV de Xavier Arzallus.
¿Pende la victoria de la izquierda de un hilo? Parece que sí. El bajón del PSOE en las encuestas últimas –incluida sobre todo la del CIS- ha generado un estado de alarma en Ferraz. Incluso la sombra de la derrota empieza a considerarse con cierto temor entre algunos líderes del PSOE.
Pero, guste o no, y a tres semanas de los comicios, esto es lo que hay. Los populares se han encontrado de pronto con una coyuntura económica negativa y han aprovechado el hueco para colar sus mensajes. Han marcado algunos goles de rondón –tras repartir patadas en el tobillo de los inmigrantes y en el peroné de la seguridad ciudadana- y han conseguido quebrar el ascenso de Zapatero en las encuestas.
¿Entenderán los ciudadanos progresistas que está en juego mucho más que una simple alternancia de Gobierno? Hemos podido comprobar –durante estos cuatro años y, al menos, los cuatro anteriores- cómo se las gasta la derecha española. Hace cinco años exactamente que millones de personas salieron a las calles de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Sevilla, Valencia, Bilbao y otras muchas ciudades no ya de España, sino del mundo, al grito de “¡Guerra, no!”.
El clamor ciudadano no conmovió en absoluto al presidente Aznar, que ejercía en aquel tiempo, y con fervor desbordante, de gobernador hispano del emperador Bush. No le hizo cambiar de rumbo tampoco que más del 80 por ciento de los españoles estuviéramos contra la invasión de Irak. El Gobierno de la derecha se mantuvo impertérrito. Mientras, Aznar hacía de pregonero de mentiras para justificar lo injustificable.
¿Cuál ha sido el comportamiento general de los conservadores a lo largo de la presente legislatura? Lo sabemos. Hemos observado con facilidad cómo, ciertamente, se las gastan. No argumentan, atacan. No convencen, empujan. No construyen, destruyen. Se inventan problemas artificiales para luego presentarse como los únicos capaces de resolverlos. Hacen de pirómanos para presumir de bomberos. Se envuelven en la bandera para proteger su cartera. Son patriotas de hojalata y espadón. Son socios de Cañizares, García-Gasco y Rouco Varela, pero apenas cristianos de Cristo, el de las bienaventuranzas, al que crucificaron.
El 9 de marzo vencerán la intransigencia y el integrismo o triunfarán la tolerancia y el laicismo. Todo depende de cuántos ciudadanos voten. Y de qué voten. Allá cada cual con su conciencia. Lo que no vale después es llorar y lamentarse.
Enric Sopena es director de El Plural
Pero, eso sí, de confirmarse el vaticinio del CIS, se trataría de un resultado ligeramente mejor en las urnas del que obtuviera Aznar el 3 de marzo de 1996, cuando ganó por poco más de un punto (1´16) al PSOE de Felipe. Fueron aquellas las primeras elecciones -hace ahora 12 años- en las que venció Aznar. Pudo el PP al fin formar Gobierno, aunque por los pelos y gracias a la colaboración de CiU, Coalición Canaria y, como guinda, el PNV de Xavier Arzallus.
¿Pende la victoria de la izquierda de un hilo? Parece que sí. El bajón del PSOE en las encuestas últimas –incluida sobre todo la del CIS- ha generado un estado de alarma en Ferraz. Incluso la sombra de la derrota empieza a considerarse con cierto temor entre algunos líderes del PSOE.
Pero, guste o no, y a tres semanas de los comicios, esto es lo que hay. Los populares se han encontrado de pronto con una coyuntura económica negativa y han aprovechado el hueco para colar sus mensajes. Han marcado algunos goles de rondón –tras repartir patadas en el tobillo de los inmigrantes y en el peroné de la seguridad ciudadana- y han conseguido quebrar el ascenso de Zapatero en las encuestas.
¿Entenderán los ciudadanos progresistas que está en juego mucho más que una simple alternancia de Gobierno? Hemos podido comprobar –durante estos cuatro años y, al menos, los cuatro anteriores- cómo se las gasta la derecha española. Hace cinco años exactamente que millones de personas salieron a las calles de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Sevilla, Valencia, Bilbao y otras muchas ciudades no ya de España, sino del mundo, al grito de “¡Guerra, no!”.
El clamor ciudadano no conmovió en absoluto al presidente Aznar, que ejercía en aquel tiempo, y con fervor desbordante, de gobernador hispano del emperador Bush. No le hizo cambiar de rumbo tampoco que más del 80 por ciento de los españoles estuviéramos contra la invasión de Irak. El Gobierno de la derecha se mantuvo impertérrito. Mientras, Aznar hacía de pregonero de mentiras para justificar lo injustificable.
¿Cuál ha sido el comportamiento general de los conservadores a lo largo de la presente legislatura? Lo sabemos. Hemos observado con facilidad cómo, ciertamente, se las gastan. No argumentan, atacan. No convencen, empujan. No construyen, destruyen. Se inventan problemas artificiales para luego presentarse como los únicos capaces de resolverlos. Hacen de pirómanos para presumir de bomberos. Se envuelven en la bandera para proteger su cartera. Son patriotas de hojalata y espadón. Son socios de Cañizares, García-Gasco y Rouco Varela, pero apenas cristianos de Cristo, el de las bienaventuranzas, al que crucificaron.
El 9 de marzo vencerán la intransigencia y el integrismo o triunfarán la tolerancia y el laicismo. Todo depende de cuántos ciudadanos voten. Y de qué voten. Allá cada cual con su conciencia. Lo que no vale después es llorar y lamentarse.
Enric Sopena es director de El Plural
viernes, 15 de febrero de 2008
CERRAR EL PASO A LA DERECHA: ¡CON UN PROGRAMA DE IZQUIERDAS!
Las elecciones del próximo 9 de marzo serán un acontecimiento político importante para la mayoría de la clase obrera y para los jóvenes; hay muchos sentimientos e intereses en juego, que afectan, de hecho, a toda la sociedad de un modo muy amplio y profundo.
El peligro de la reacción
Por parte de los sectores más reaccionarios, encabezados por el PP, las elecciones no se presentan como un rutinario episodio más del "juego democrático" sino como una oportunidad de vendetta contra todo lo que, de algún modo, está asociado a su desalojo del poder en marzo de 2004, es decir, contra la juventud, contra la clase obrera, contra las masas que tomaron las calles durante la legislatura de Aznar, contra los sindicatos, contra los partidos de izquierda, contra los sentimientos democrático nacionales de las nacionalidades oprimidas, etc.
Las dos legislaturas del PP y sus cuatro últimos años en la oposición, con su lenguaje y su actitud ultraderechista, han sido una gran escuela de aprendizaje para las nuevas generaciones de jóvenes, que han podido percibir, con toda su crudeza, su política reaccionaria en todos los órdenes de la vida. Para las generaciones más veteranas esta experiencia ha servido de recordatorio, y da la justa medida de la envergadura del fraude que supuso la Transición, una de cuyas mayores conquistas fue, supuestamente, haber encauzado sólidamente a la derecha por los rieles de la democracia; pero ahí la tenemos, como siempre fue, rescatando todas sus señas de identidad históricas reaccionarias sin dejarse ninguna.
La defensa de la patria española, de la "familia", del nacionalcatolicismo junto con la más pura demagogia en el orden económico y social, conforman el núcleo de la agitación del PP. Lo han dejado bien claro todos los días, desde los medios de comunicación, desde los púlpitos, desde las altas instancias del aparato judicial y militar, desde las esferas de poder económico y desde la calle (más de 20 manifestaciones en los últimos tres años). En no pocas ocasiones, los representantes más significativos de la derecha han justificado y defendido la dictadura franquista. El apego democrático de la derecha es muy débil, pero además no se preocupa por ocultarlo. En realidad, su forma de preservar lo que ellos entienden por democracia (que según la Conferencia Episcopal se "está disolviendo" por la acción combinada de socialistas y terroristas) es, precisamente, cercenando todos los derechos democráticos. Por supuesto no faltan señales de alarma entre sectores de la propia clase dominante por lo lejos que está llegando el PP; en el fondo temen que se pueda precipitar una respuesta de la clase obrera y la juventud difícil de controlar. Pero el hecho concreto y real es que con este material ideológico, clásicamente ultraderechista, es como el PP está moldeando y agrupando su base de apoyo social más activo. Minimizar este peligro para la clase obrera y la juventud sería una irresponsabilidad.
No es difícil imaginar la naturaleza que tendría un nuevo gobierno del PP. Al resentimiento político contra la izquierda acumulado en los últimos años, se añadiría la necesidad urgente de los capitalistas de acelerar los ataques contra las condiciones de vida de los trabajadores ante el cambio de ciclo económico. La elección del multimillonario Pizarro (ese señor que, parafraseando a Marx, reproduce en las cumbres de la sociedad los métodos de apropiación del lumpemproletariado, es decir, el robo) como número dos por la lista del PP en Madrid es un signo inequívoco, aunque redundante, de para quién gobernará el PP: para los ricos.
Por todo lo dicho, que además constituye la experiencia viva de un amplio sector de la clase obrera y de la juventud, no debe haber lugar para el menor atisbo de indiferencia el 9 de marzo. Los marxistas apelamos a la más amplia movilización electoral para cerrar el paso a la derecha. Hay que votar masivamente a los partidos de izquierda. La abstención favorece al PP.
El fracaso del reformismo
Y con la misma claridad, decimos que votar no basta, algo que también ha sido ampliamente corroborado por la experiencia. La última legislatura ha sido también una importante escuela de aprendizaje de las tremendas limitaciones de la política socialdemócrata de los dirigentes del PSOE, una política que ha sido respaldada, en lo fundamental, por los dirigentes de IU.
A pesar de la tremenda fuerza social sobre la que se aupó el gobierno de Zapatero, a pesar de la amplia mayoría parlamentaria obtenida por la izquierda, a pesar de que la última legislatura ha transcurrido en las condiciones económicas más favorables que el capitalismo puede ofrecer, la socialdemocracia no ha sido capaz de resolver ninguno de los problemas fundamentales de la clase obrera y de la juventud en estos últimos cuatro años.
La prueba más concluyente del fracaso de la socialdemocracia es que, en la práctica, incumple abiertamente con sus propios postulados tradicionales: ampliación y reforzamiento de los derechos democráticos, mejora de las condiciones materiales de la mayoría de la población y lucha por la igualdad social; todo eso de forma gradual y sin romper con el capitalismo. Pero la tendencia de los últimos años, en todos estos aspectos, ha sido marcadamente la contraria.
El Estado español ha sido precisamente el país donde se ha producido un de los procesos más agudos de polarización social, es decir de incremento de la desigualdad, en Europa. Mientras las empresas españolas han visto aumentar su beneficio neto, durante el periodo 1999-2006, en un 73%, más del doble que la media de la UE-15 (33%), los costes laborales durante el mismo periodo han crecido sólo un 3,7%, cinco veces menos que en la UE-15, que fue de un 18%. Los salarios han perdido peso en el conjunto de la renta nacional de forma acelerada en los últimos años, pasando del 55% en el 2000 al 52,7% en 2006. Además, existe en el Estado español uno de los mayores índices de pobreza de la UE-15, un 18% de la población.
No sólo se ha producido un incremento de la desigualdad entre las clases sino que el poder adquisitivo de la clase obrera se ha reducido de forma absoluta. Entre 1995 y 2005 los salarios han perdido cerca de un 5% de su poder adquisitivo en términos reales, siendo el único caso entre los países de la CEOE donde se ha producido este fenómeno. Esta tendencia no ha sido cortada por la política del gobierno del PSOE: al contrario, la contención de los salarios por debajo de la inflación ha sido uno de los pilares de su política económica.
Tampoco ha habido un cambio sustancial en la política de gasto social ni en la política fiscal, aspectos de los que tradicionalmente, y teóricamente, la socialdemocracia se vanagloria de marcar serias diferencias con la derecha. El gasto social per cápita sigue estando a la cola de la UE-15, junto con Portugal, a pesar de que el PIB per cápita haya alcanzado el 97% del promedio de la UE-15.
Una de las principales promesas del PSOE en 2004 fue cambiar la reaccionaria política de impuestos del PP cuya consecuencia fue un significativo crecimiento de las rentas de la decila superior de contribuyentes, pasando éstas de tener el 30,59% de la renta en 1996 al 34,52% en 2002, mientras que las seis decilas inferiores (es decir, el 60% de los contribuyentes) vieron un marcado descenso de sus rentas. La última decila de contribuyentes (es decir, los más pobres) pasaron de tener el 1,58% de la renta en el año 1996 al 0,57% en el año 2002.
Sin embargo, también en este punto ha habido continuidad con la política de la derecha, con una disminución constante de la recaudación por impuestos directos (en función de la renta) y un incremento de los indirectos (que gravan a todos con independencia de lo que ganan). Es más, en su programa electoral el PSOE contempla la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio y más rebajas del Impuesto de Sociedades, un auténtico regalo para los capitalistas. Las promesas del PSOE, como la deducción de 400 euros de la cuota del IRPF para las rentas del trabajo y pensiones, aparte de que no beneficia a las familias más humildes, no son nada en comparación con el dinero que los empresarios y banqueros han dejado de pagar al Estado año tras año por incentivos fiscales de todo tipo. El crecimiento económico ha camuflado la constante caída de la capacidad recaudatoria del Estado, pero el cambio de ciclo hará emerger a la superficie las graves implicaciones de esta política para los gastos sociales, sobre los que caerán enormes presiones de la burguesía. El superávit fiscal podría esfumarse rápidamente y debido a las constantes reformas a favor de las rentas más altas, la presión impositiva se concentrará todavía más en la clase obrera y sus familias, vía impuestos indirectos, hecho que redundará aún más en el galopante incremento del coste de vida de los últimos años.
Es verdad que el gobierno ha tomado algunas medidas sociales que tienen un sentido progresista, pero absolutamente insuficientes para contrarrestar una tendencia general de deterioro de los servicios públicos y ataques a los niveles de vida de la clase obrera. De la famosa Ley de Dependencia, por ejemplo, sólo se están beneficiando, según datos de la Comunidades Autónomas, 21.000 personas, cuando según el propio gobierno hay 200.000 personas dependientes de carácter grave que deberían ser atendidas de forma inmediata.
Es evidente que la generación actual ha bajado un escalón respecto a la condiciones de vida de la generación anterior. Bajos salarios, precariedad, accidentes laborales con su reguero de más de mil muertos al año, deterioro de los servicios sociales como sanidad y educación, acceso a la vivienda prácticamente imposible, endeudamiento masivo... Para mucha gente el crecimiento económico ha tenido rasgos parecidos al de una recesión. Eso explica que la percepción de la crisis se haya extendido con tanta rapidez en los últimos meses, incluso antes de que se materialice en una parálisis real del crecimiento.
Respecto a los derechos democráticos, nunca la arbitrariedad del poder judicial ha estado tan presente. Los sectores más reaccionarios del aparato estatal tienen una actitud de abierto desafío. Además, todas las medidas regresivas en relación con los derechos democráticos, particularmente la antidemocrática y aberrante Ley de Partidos, se ha dejado intacta y sigue siendo defendida por los dirigentes del PSOE.
En otros terrenos, como la cuestión de la memoria histórica o la separación de la Iglesia y del Estado, que es quien realmente financia la actividad del clero, las cosas se han quedado a medias o como estaban. En general, en relación al Estado y su aparato, la política del PSOE ha sido la de ceder a la presiones de la derecha, con el único resultado de envalentonarla.
Las bases para una alternativa revolucionaria
La resultante de la política del gobierno y su táctica en relación a la derecha es que el peligro de que el PP vuelva al gobierno sigue estando ahí. El impulso a la participación electoral por parte de la clase obrera y de la juventud viene determinado en mucha mayor medida por el rechazo a la derecha y todo lo que representa, que por la política llevada a cabo por la dirección del PSOE.
La contradicción fundamental de la socialdemocracia es que no se puede gestionar el capitalismo y preservar los intereses de la mayoría de la sociedad al mismo tiempo. No existe margen para armonizar los intereses de los capitalistas y los trabajadores. El capitalismo es una amenaza directa a las condiciones de vida y a los derechos democráticos conquistados en el pasado.
La clase obrera y la juventud ha dado sobradas muestras de su capacidad para derrotar a la derecha. Lo hizo en la calle, con movilizaciones gigantescas, sin precedentes; lo hizo también en las urnas. Pero incluso eso no es suficiente si las organizaciones tradicionales de la clase obrera carecen de una alternativa frente a las terribles lacras generadas por el capitalismo. El socialismo es realmente la única alternativa posible para los intereses de la clase obrera y para el conjunto de la humanidad, pero hace ya tiempo que los dirigentes del PSOE y de IU lo han abandonado.
La propiedad privada de los grandes medios de producción (cuando en realidad su funcionamiento tiene un carácter social) y el estado nacional (cuando la economía tiene un carácter internacional) son los verdaderos obstáculos para el progreso humano. ¿Qué sentido tiene el hambre, la pobreza, el desempleo, la falta de servicios sociales cuando la sociedad ha alcanzado plenamente la capacidad técnica y material para superar todos estos problemas? Si las palancas fundamentales de la economía estuviesen nacionalizadas bajo control de la clase obrera se podría utilizar toda la riqueza y todo el conocimiento humano acumulado al servicio de la inmensa mayoría de la sociedad. La contradicción entre los intereses de una ínfima minoría social privilegiada y el resto de la población no hará más que agudizarse en el próximo periodo y no hay más alternativa que arrebatar a los primeros el control político y económico de la sociedad.
La ausencia de una dirección genuinamente socialista, genuinamente comunista al frente de las organizaciones de la clase obrera es la clave de toda la situación. Sin una dirección a la altura la clase obrera demuestra su fuerza, pero no la puede desarrollar hasta las últimas consecuencias, no puede demostrar su capacidad real de dirigir al conjunto de la sociedad. La burguesía revela su debilidad, pero encuentra un margen de maniobra en la incapacidad del reformismo de llevar la sociedad hacia delante, en sus titubeos y en su inconsistencia total incluso en la batalla ideológica contra la reacción.
Hay toda una serie de cambios moleculares que se han acumulado en los últimos años en la conciencia de millones de jóvenes y trabajadores. Verificación de la naturaleza real de la derecha; incapacidad de la socialdemocracia de cambiar de forma sustancial las condiciones de vida; incapacidad del reformismo para hacer frente al peligro de la derecha; fracaso de la política de consenso y desmovilización de los dirigentes sindicales; percepción por parte de un sector de la juventud de que una cosa es la política oficial y otra la necesidad de luchar, organizarte y pensar en política; la conclusión para una capa de nuevos trabajadores y jóvenes de que la lucha sirve, de que la gente responde, aunque todavía no se da cuenta del poder real que tienen, de su capacidad de arrastrar un amplio sector de la sociedad a la lucha.
El socialismo no es más que una expresión acabada del deseo inconsciente de las masas de transformar profundamente su situación. Sobre estas corrientes profundas y amplias que existen en la sociedad es necesario y posible desarrollar una alternativa revolucionaria para derrocar este sistema en crisis.
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El peligro de la reacción
Por parte de los sectores más reaccionarios, encabezados por el PP, las elecciones no se presentan como un rutinario episodio más del "juego democrático" sino como una oportunidad de vendetta contra todo lo que, de algún modo, está asociado a su desalojo del poder en marzo de 2004, es decir, contra la juventud, contra la clase obrera, contra las masas que tomaron las calles durante la legislatura de Aznar, contra los sindicatos, contra los partidos de izquierda, contra los sentimientos democrático nacionales de las nacionalidades oprimidas, etc.
Las dos legislaturas del PP y sus cuatro últimos años en la oposición, con su lenguaje y su actitud ultraderechista, han sido una gran escuela de aprendizaje para las nuevas generaciones de jóvenes, que han podido percibir, con toda su crudeza, su política reaccionaria en todos los órdenes de la vida. Para las generaciones más veteranas esta experiencia ha servido de recordatorio, y da la justa medida de la envergadura del fraude que supuso la Transición, una de cuyas mayores conquistas fue, supuestamente, haber encauzado sólidamente a la derecha por los rieles de la democracia; pero ahí la tenemos, como siempre fue, rescatando todas sus señas de identidad históricas reaccionarias sin dejarse ninguna.
La defensa de la patria española, de la "familia", del nacionalcatolicismo junto con la más pura demagogia en el orden económico y social, conforman el núcleo de la agitación del PP. Lo han dejado bien claro todos los días, desde los medios de comunicación, desde los púlpitos, desde las altas instancias del aparato judicial y militar, desde las esferas de poder económico y desde la calle (más de 20 manifestaciones en los últimos tres años). En no pocas ocasiones, los representantes más significativos de la derecha han justificado y defendido la dictadura franquista. El apego democrático de la derecha es muy débil, pero además no se preocupa por ocultarlo. En realidad, su forma de preservar lo que ellos entienden por democracia (que según la Conferencia Episcopal se "está disolviendo" por la acción combinada de socialistas y terroristas) es, precisamente, cercenando todos los derechos democráticos. Por supuesto no faltan señales de alarma entre sectores de la propia clase dominante por lo lejos que está llegando el PP; en el fondo temen que se pueda precipitar una respuesta de la clase obrera y la juventud difícil de controlar. Pero el hecho concreto y real es que con este material ideológico, clásicamente ultraderechista, es como el PP está moldeando y agrupando su base de apoyo social más activo. Minimizar este peligro para la clase obrera y la juventud sería una irresponsabilidad.
No es difícil imaginar la naturaleza que tendría un nuevo gobierno del PP. Al resentimiento político contra la izquierda acumulado en los últimos años, se añadiría la necesidad urgente de los capitalistas de acelerar los ataques contra las condiciones de vida de los trabajadores ante el cambio de ciclo económico. La elección del multimillonario Pizarro (ese señor que, parafraseando a Marx, reproduce en las cumbres de la sociedad los métodos de apropiación del lumpemproletariado, es decir, el robo) como número dos por la lista del PP en Madrid es un signo inequívoco, aunque redundante, de para quién gobernará el PP: para los ricos.
Por todo lo dicho, que además constituye la experiencia viva de un amplio sector de la clase obrera y de la juventud, no debe haber lugar para el menor atisbo de indiferencia el 9 de marzo. Los marxistas apelamos a la más amplia movilización electoral para cerrar el paso a la derecha. Hay que votar masivamente a los partidos de izquierda. La abstención favorece al PP.
El fracaso del reformismo
Y con la misma claridad, decimos que votar no basta, algo que también ha sido ampliamente corroborado por la experiencia. La última legislatura ha sido también una importante escuela de aprendizaje de las tremendas limitaciones de la política socialdemócrata de los dirigentes del PSOE, una política que ha sido respaldada, en lo fundamental, por los dirigentes de IU.
A pesar de la tremenda fuerza social sobre la que se aupó el gobierno de Zapatero, a pesar de la amplia mayoría parlamentaria obtenida por la izquierda, a pesar de que la última legislatura ha transcurrido en las condiciones económicas más favorables que el capitalismo puede ofrecer, la socialdemocracia no ha sido capaz de resolver ninguno de los problemas fundamentales de la clase obrera y de la juventud en estos últimos cuatro años.
La prueba más concluyente del fracaso de la socialdemocracia es que, en la práctica, incumple abiertamente con sus propios postulados tradicionales: ampliación y reforzamiento de los derechos democráticos, mejora de las condiciones materiales de la mayoría de la población y lucha por la igualdad social; todo eso de forma gradual y sin romper con el capitalismo. Pero la tendencia de los últimos años, en todos estos aspectos, ha sido marcadamente la contraria.
El Estado español ha sido precisamente el país donde se ha producido un de los procesos más agudos de polarización social, es decir de incremento de la desigualdad, en Europa. Mientras las empresas españolas han visto aumentar su beneficio neto, durante el periodo 1999-2006, en un 73%, más del doble que la media de la UE-15 (33%), los costes laborales durante el mismo periodo han crecido sólo un 3,7%, cinco veces menos que en la UE-15, que fue de un 18%. Los salarios han perdido peso en el conjunto de la renta nacional de forma acelerada en los últimos años, pasando del 55% en el 2000 al 52,7% en 2006. Además, existe en el Estado español uno de los mayores índices de pobreza de la UE-15, un 18% de la población.
No sólo se ha producido un incremento de la desigualdad entre las clases sino que el poder adquisitivo de la clase obrera se ha reducido de forma absoluta. Entre 1995 y 2005 los salarios han perdido cerca de un 5% de su poder adquisitivo en términos reales, siendo el único caso entre los países de la CEOE donde se ha producido este fenómeno. Esta tendencia no ha sido cortada por la política del gobierno del PSOE: al contrario, la contención de los salarios por debajo de la inflación ha sido uno de los pilares de su política económica.
Tampoco ha habido un cambio sustancial en la política de gasto social ni en la política fiscal, aspectos de los que tradicionalmente, y teóricamente, la socialdemocracia se vanagloria de marcar serias diferencias con la derecha. El gasto social per cápita sigue estando a la cola de la UE-15, junto con Portugal, a pesar de que el PIB per cápita haya alcanzado el 97% del promedio de la UE-15.
Una de las principales promesas del PSOE en 2004 fue cambiar la reaccionaria política de impuestos del PP cuya consecuencia fue un significativo crecimiento de las rentas de la decila superior de contribuyentes, pasando éstas de tener el 30,59% de la renta en 1996 al 34,52% en 2002, mientras que las seis decilas inferiores (es decir, el 60% de los contribuyentes) vieron un marcado descenso de sus rentas. La última decila de contribuyentes (es decir, los más pobres) pasaron de tener el 1,58% de la renta en el año 1996 al 0,57% en el año 2002.
Sin embargo, también en este punto ha habido continuidad con la política de la derecha, con una disminución constante de la recaudación por impuestos directos (en función de la renta) y un incremento de los indirectos (que gravan a todos con independencia de lo que ganan). Es más, en su programa electoral el PSOE contempla la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio y más rebajas del Impuesto de Sociedades, un auténtico regalo para los capitalistas. Las promesas del PSOE, como la deducción de 400 euros de la cuota del IRPF para las rentas del trabajo y pensiones, aparte de que no beneficia a las familias más humildes, no son nada en comparación con el dinero que los empresarios y banqueros han dejado de pagar al Estado año tras año por incentivos fiscales de todo tipo. El crecimiento económico ha camuflado la constante caída de la capacidad recaudatoria del Estado, pero el cambio de ciclo hará emerger a la superficie las graves implicaciones de esta política para los gastos sociales, sobre los que caerán enormes presiones de la burguesía. El superávit fiscal podría esfumarse rápidamente y debido a las constantes reformas a favor de las rentas más altas, la presión impositiva se concentrará todavía más en la clase obrera y sus familias, vía impuestos indirectos, hecho que redundará aún más en el galopante incremento del coste de vida de los últimos años.
Es verdad que el gobierno ha tomado algunas medidas sociales que tienen un sentido progresista, pero absolutamente insuficientes para contrarrestar una tendencia general de deterioro de los servicios públicos y ataques a los niveles de vida de la clase obrera. De la famosa Ley de Dependencia, por ejemplo, sólo se están beneficiando, según datos de la Comunidades Autónomas, 21.000 personas, cuando según el propio gobierno hay 200.000 personas dependientes de carácter grave que deberían ser atendidas de forma inmediata.
Es evidente que la generación actual ha bajado un escalón respecto a la condiciones de vida de la generación anterior. Bajos salarios, precariedad, accidentes laborales con su reguero de más de mil muertos al año, deterioro de los servicios sociales como sanidad y educación, acceso a la vivienda prácticamente imposible, endeudamiento masivo... Para mucha gente el crecimiento económico ha tenido rasgos parecidos al de una recesión. Eso explica que la percepción de la crisis se haya extendido con tanta rapidez en los últimos meses, incluso antes de que se materialice en una parálisis real del crecimiento.
Respecto a los derechos democráticos, nunca la arbitrariedad del poder judicial ha estado tan presente. Los sectores más reaccionarios del aparato estatal tienen una actitud de abierto desafío. Además, todas las medidas regresivas en relación con los derechos democráticos, particularmente la antidemocrática y aberrante Ley de Partidos, se ha dejado intacta y sigue siendo defendida por los dirigentes del PSOE.
En otros terrenos, como la cuestión de la memoria histórica o la separación de la Iglesia y del Estado, que es quien realmente financia la actividad del clero, las cosas se han quedado a medias o como estaban. En general, en relación al Estado y su aparato, la política del PSOE ha sido la de ceder a la presiones de la derecha, con el único resultado de envalentonarla.
Las bases para una alternativa revolucionaria
La resultante de la política del gobierno y su táctica en relación a la derecha es que el peligro de que el PP vuelva al gobierno sigue estando ahí. El impulso a la participación electoral por parte de la clase obrera y de la juventud viene determinado en mucha mayor medida por el rechazo a la derecha y todo lo que representa, que por la política llevada a cabo por la dirección del PSOE.
La contradicción fundamental de la socialdemocracia es que no se puede gestionar el capitalismo y preservar los intereses de la mayoría de la sociedad al mismo tiempo. No existe margen para armonizar los intereses de los capitalistas y los trabajadores. El capitalismo es una amenaza directa a las condiciones de vida y a los derechos democráticos conquistados en el pasado.
La clase obrera y la juventud ha dado sobradas muestras de su capacidad para derrotar a la derecha. Lo hizo en la calle, con movilizaciones gigantescas, sin precedentes; lo hizo también en las urnas. Pero incluso eso no es suficiente si las organizaciones tradicionales de la clase obrera carecen de una alternativa frente a las terribles lacras generadas por el capitalismo. El socialismo es realmente la única alternativa posible para los intereses de la clase obrera y para el conjunto de la humanidad, pero hace ya tiempo que los dirigentes del PSOE y de IU lo han abandonado.
La propiedad privada de los grandes medios de producción (cuando en realidad su funcionamiento tiene un carácter social) y el estado nacional (cuando la economía tiene un carácter internacional) son los verdaderos obstáculos para el progreso humano. ¿Qué sentido tiene el hambre, la pobreza, el desempleo, la falta de servicios sociales cuando la sociedad ha alcanzado plenamente la capacidad técnica y material para superar todos estos problemas? Si las palancas fundamentales de la economía estuviesen nacionalizadas bajo control de la clase obrera se podría utilizar toda la riqueza y todo el conocimiento humano acumulado al servicio de la inmensa mayoría de la sociedad. La contradicción entre los intereses de una ínfima minoría social privilegiada y el resto de la población no hará más que agudizarse en el próximo periodo y no hay más alternativa que arrebatar a los primeros el control político y económico de la sociedad.
La ausencia de una dirección genuinamente socialista, genuinamente comunista al frente de las organizaciones de la clase obrera es la clave de toda la situación. Sin una dirección a la altura la clase obrera demuestra su fuerza, pero no la puede desarrollar hasta las últimas consecuencias, no puede demostrar su capacidad real de dirigir al conjunto de la sociedad. La burguesía revela su debilidad, pero encuentra un margen de maniobra en la incapacidad del reformismo de llevar la sociedad hacia delante, en sus titubeos y en su inconsistencia total incluso en la batalla ideológica contra la reacción.
Hay toda una serie de cambios moleculares que se han acumulado en los últimos años en la conciencia de millones de jóvenes y trabajadores. Verificación de la naturaleza real de la derecha; incapacidad de la socialdemocracia de cambiar de forma sustancial las condiciones de vida; incapacidad del reformismo para hacer frente al peligro de la derecha; fracaso de la política de consenso y desmovilización de los dirigentes sindicales; percepción por parte de un sector de la juventud de que una cosa es la política oficial y otra la necesidad de luchar, organizarte y pensar en política; la conclusión para una capa de nuevos trabajadores y jóvenes de que la lucha sirve, de que la gente responde, aunque todavía no se da cuenta del poder real que tienen, de su capacidad de arrastrar un amplio sector de la sociedad a la lucha.
El socialismo no es más que una expresión acabada del deseo inconsciente de las masas de transformar profundamente su situación. Sobre estas corrientes profundas y amplias que existen en la sociedad es necesario y posible desarrollar una alternativa revolucionaria para derrocar este sistema en crisis.
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