jueves, 25 de junio de 2009

CACIQUISMO Y POLÍTICA



Una de las mejores acepciones del término caciquismo viene a definirlo como la “intromisión abusiva de una persona o unja autoridad en determinados asuntos, valiéndose de su poder y su influencia”. Por desgracia si miramos el panorama de nuestra democracia nos encontraremos con varios ejemplos. Sin embargo queremos destacar una Comunidad y una Provincia donde esta forma gubernamental se está convirtiendo en un modelo.
La Comunidad Valenciana desde hace ya algún tiempo ha venido a ser un referente de un populismo de derechas, que hace del victimismo con respecto al gobierno central un eje fundamental de la política. Y dentro de la misma comunidad destaca una provincia como la de Castellón donde campa a sus anchas el mayor ejemplo de caciquismo. ¡De familia le viene el carácter! Nieto de un Presidente de la Diputación, cuando el sufragio era censitario, e hijo de un Presidente de la Diputación, cuando el régimen no era democrático (o perdón, defendían la democracia orgánica). Él, elegido democráticamente varias veces, se rodea de 36 asesores. Él, es un gran populista cuyo eje político se basa en el más puro victimismo (durante más de 2 años la fallada de su palacio tiene una bandera y una reivindicación: El Agua para Todos). Él se ríe de todos y no piensa “dimitir” nunca… ni siquiera a pesar de su imputación. Y como decía un gran escritor “de su nombre no quiero acordarme”.
Javier Méndez-Vigo

miércoles, 10 de junio de 2009

La situación de la Calse Obrera en Inglaterra de F. Engels


En el libro de La situación de la clase obrera en Inglaterra, Engels a sus 24 años de edad hace un análisis a profundidad del tema incluyendo aspectos que siguen siendo relevantes hoy. Pese al avance en el nivel de vida de la sociedad en la Inglaterra moderna y en el resto del mundo con respecto al siglo XIX, no nos hemos librado de toda clase de afectaciones resultado del sistema depredador de hombres al que estamos sometidos. Desde el nacimiento del capitalismo inició un proceso de pérdida de medios de trabajo, con la fabricación de nuevas tecnologías cada vez más avanzadas, los pequeños productores estaban condenados al fracaso, a renunciar a la competencia contra las grandes maquinarias y sin más opciones ofrecer en el mercado lo único que le quedaba, su fuerza de trabajo, convirtiéndose así en una nueva clase.

Con la invención de las nuevas máquinas de hilar fue posible proveer mucho más hilo que antes, pronto hubo más hilo del que podían tejer los obreros existentes. “La demanda de productos textiles que, ya de por sí, estaba en aumento, se incrementó de nuevo debido a los precios más bajos de estos productos, como consecuencia de la reducción de gastos de producción por el empleo de la nueva máquina. Como resultado, hubo necesidad de emplear a más tejedores y el salario de éstos se elevó. Y, como desde entonces el tejedor podía ganar más consagrándose a su oficio, abandonó lentamente sus ocupaciones agrícolas y se dedicó enteramente a la industria textil. Así es cómo la clase de los tejedores agrícolas desapareció poco a poco completamente, fundiéndose en la nueva clase de aquellos que eran exclusivamente tejedores, que vivían únicamente de su salario, no poseían propiedad, ni siquiera la ilusión de la propiedad que confiere el arriendo de tierras. Se convirtieron por tanto en proletarios (working men).” Los avances continuaban y la migración a las ciudades aumento radicalmente.

Con la venta de su fuerza de trabajo, el obrero está enfrentándose a una nueva situación en la que no tiene la vida asegurada. Su mercancía está sometida a las leyes del mercado, como cualquier otra y por ende puede perder la cosa más preciada, su trabajo, en cualquier momento y este peligro es constante. A diferencia de un esclavo que vende su vida de una vez y para siempre asegurando a la vez su subsistencia, el obrero la vende todos los días sin tener nada seguro. Hoy como hace dos siglos, la clase obrera se enfrenta a una lucha constante por su supervivencia, a ello agregamos las bondades del capitalismo recalcitrante que entre otras cosas afecta severamente a la salud de millones de personas, fundamentalmente de las familias obreras, a consecuencia del desgaste físico y sicológico al que las somete.

Con el desarrollo de la industria, las nuevas ciudades comenzaron a transformarse. El centro principal de la industria textil, Lancashire, se trasformó totalmente. Ahí se duplicó su población en 80 años y surgieron ciudades gigantescas como Liverpool y Manchester. El desarrollo continuaba y se extendía, la industria textil experimentaba constantes innovaciones, pero no era la única, con ella se desarrollo además el “empleo de la fuerza mecánica en la industria, la demanda de máquinas, combustibles, material de transformación redobló la actividad de una multitud de obreros y de oficios. Sólo con el empleo de la máquina de vapor es que se empezó a dar importancia a los inmensos yacimientos carboníferos de Inglaterra (…) y es entonces solamente gracias a la mayor pureza de los materiales disponibles, gracias asimismo al perfeccionamiento de las herramientas, a las nuevas máquinas, y a una división más minuciosa del trabajo, que la fabricación de productos metalúrgicos devino importante en Inglaterra.”

Mientas tanto se abandonó la agricultura. Un gran número de terrenos se hallaban vacantes, y allí se instaló la nueva clase de los hacendados, arrendando la tierra, aumentaron la producción de las tierras con mejores métodos agrícolas y una explotación en escala más grande. Ahora quedarse en el campo implicaba competir con estos grandes productores de modo que los obreros no tenían más opciones que seguir emigrando hacia las ciudades que absorbían mano de obra a bocanadas. Pero todo ello llegó a un límite: junto a la explosión demográfica producto de las buenas condiciones de las que se gozó al inicio de la Revolución Industrial, la mano de obra excedió a la oferta de trabajo y los salarios cayeron, arrastrando a la miseria a masas de obreros y sus familias.

El tremendo desarrollo de las ciudades fue a costa de la constante degradación de la vida de los obreros, siendo ellos los que lo habían posibilitado. Encontrar un trabajo se convierte en una suerte, un “favor que la burguesía hace al obrero”. Sin empleo la perspectiva de morir de hambre llevaba al robo y la delincuencia y esto se convirtió en una salida para miles generando un ambiente de descomposición social. A eso sumamos las pésimas viviendas en que vivían miles de obreros y sus familias. La industria de la construcción, voraz de beneficios, omitía las medidas más básicas de construcción de viviendas adecuadas y salubres, sin ventilación, en la parte más fea de la ciudad, sin pavimentación, muchas de ellas se encontraban a orillas de desagües, en barrancos y zanjas, que representaban un peligro constante. No había un sistema de desagüe, los residuos quedaban en la superficie, muy cerca de las viviendas, creándose focos de infecciones y contaminación del ambiente; las casas de estas zonas no se salvaron del cólera.

Las epidemias se propagaban fácilmente en estas grandes ciudades. Éstas contaban con una población mayor a los 2 millones de habitantes. La mayoría hacinados, familias enteras de siete u ocho miembros vivían en un cuarto de 6 metros cuadrados. En Manchester la cifra se encontraba entre 4 mil y 5 mil hombres y mujeres en esta situación. En muchos casos la cama no era más que los harapos que traían puestos generalmente de algodón y mal adaptados para el clima. Los padres de familia contaban sólo con la ropa de trabajo y en la pieza no había si acaso algún mueble viejo, una mesa, una silla, incompletas por la necesidad de madera para ahuyentar el frío, y constantemente llenas de suciedad. “En la parroquia aristocrática de St. George, Hanover Square, vivían 1465 familias obreras; en total unas 6 mil personas, en las mismas condiciones; y allí también más de dos tercios de las familias apiñadas cada una en una sola pieza”.

En Bristol, de dos mil 800 familias de obreros el 46% no tenía más que una sola habitación. Con miles en las mismas condiciones, no era de extrañar que las epidemias se propagaran rápida y ferozmente. En estas circunstancias no es extraño que lo que queda a la mano se convierta fácilmente en un exceso, como el consumo del alcohol y el sexo.

La mala salud se convierte en un problema social a escala masiva, producto de las pésimas condiciones de existencia. Por todos lados la salud se ve afectada, por los espacios viciados y descompuestos.

Pero esto no es lo único, otro problema que afecta a la salud, es lo que tomaban como alimento. La clase obrera inglesa cobraba los sábados por la tarde, eso significaba que la compra de comida se realizaba por la tarde cuando la clase media ya había arrasado con los mejores productos, por lo que no tenían oportunidad de escoger lo que compraban, además de que generalmente no podían adquirir mejores productos por su elevado costo. De tal forma que lo que consumían era de lo peor en el mercado: vegetales y lácteos en descomposición; estos productos no podían consumirse más allá del siguiente día. Los pequeños comerciantes se aprovechaban de la falta de alternativas para estos obreros, vendiendo productos adulterados, de bajísima calidad y reduciendo las cantidades por el mismo precio. Según informes del Manchester Guardian se vendía mantequilla salada por mantequilla fresca, ya sea cubriéndola con una capa de esta última, ya sea colocando una libra de mantequilla fresca en el mostrador para que el cliente la pruebe. Se mezclaba arroz pulverizado con el azúcar u otros artículos baratos y se vendía a mayor precio, hasta se llegaba a mezclar el café en grano, dándole a la mezcla la forma de granos de café, el cacao se mezclaba con tierra, etc.

La dieta era muy básica, casi sin incluir carne, lo cual se reflejaba en enfermedades que eran cotidianas entre los niños, jóvenes y adultos, como las escrófulas o el raquitismo (enfermedad inglesa, excrecencias nudosas que aparecen en las articulaciones) “…muy extendido asimismo entre los niños de los trabajadores. La osificación es retardada, todo el desarrollo del esqueleto retrasado, y además de las afecciones raquíticas habituales, se comprueba con bastante frecuencia la deformación de las piernas y la escoliosis de la columna vertebral.” Todo ello además de la tisis o el tifus, productos de la mala ventilación, la humedad y el desaseo. En 1837 el tifus atacó aun más agresivamente, el 16.5 por ciento de los enfermos murió. Con cada nueva crisis una epidemia de enfermedades aparecía, esta furia del tifus en 1837 fue un juego de niños como lo escribe Engels comparada con la que siguió a la crisis de 1842. La sexta parte del número total de pobres en toda Escocia fue víctima de esa fiebre.

Los obreros no tienen posibilidad de acudir a un medico, el costo es demasiado elevado y las alternativas que se le ofrecen son generalmente charlatanería que habitualmente resultaban nocivos. “Los obreros ingleses toman ahora sus medicinas patentadas, perjudicándose ellos mismos mientras que los fabricantes se benefician con su dinero. Entre esos remedios, uno de los más peligrosos es un brebaje a base de opiados, en particular de láudano, vendido bajo el nombre de "Cordial de Godfrey". Algunas mujeres que trabajan a domicilio, que cuidan sus niños o los de otras personas, les administran ese brebaje para mantenerlos tranquilos y fortificados, al menos muchos así lo piensan. Desde el nacimiento de los niños, ellas comienzan a usar esos remedios, sin conocer los efectos de ese "fortificante" hasta que los niños mueren debido al mismo. Mientras más se acostumbra el organismo a los efectos del opio, más se aumenta las cantidades administradas. Cuando ya el "Cordial" no hace efecto, también se da algunas veces láudano puro, de 15 a 20 gotas de una vez. (…) [los niños] se vuelven pálidos, apagados, débiles y la mayoría mueren antes de cumplir dos años de edad”. Los medicamentos patentados, como pudimos ver con la influenza en México, sólo beneficia a la burguesía que especula con nuestra salud.

En tiempo de crisis las cosas son todavía peor: “cada crisis barrería sin duda a parte de la población "excedente" que moriría de hambre. Pero como el período más grande de la depresión económica es a pesar de todo muy breve -un año, a lo sumo 2 años ó 2 años y medio-, la mayoría de ellos salva el pellejo a costa de graves privaciones.” Cada crisis provoca una multitud de víctimas, debido a enfermedades.

Incluso la salida que puede encontrar como distracción a su miseria y la falta de educación, daña la salud de los obreros. El consumo excesivo del alcohol hace de su cuerpo debilitado una presa de toda clase de enfermedades y avería su sistema inmunológico. Y la propagación de enfermedades es favorecida por la aglomeración de las tabernas.

En 1839-1840 “Según el informe del registrador general G. Graham, la mortalidad anual en toda Inglaterra y el país de Gales es ligeramente inferior al 21/4 por ciento, es decir, que anualmente muere un hombre de cada 45”. En Manchester moría uno de cada 30, sin embargo “…en Prescott, habitado por mineros del carbón y que, puesto que el trabajo de las minas está lejos de ser sano, se sitúa muy por debajo de las zonas rurales por lo que toca a la higiene. Pero los obreros residen en el campo y la mortalidad se cifra en 1 por 47.54”. Lo cual significa que la afectación más grave de salud se producía entre los obreros de la ciudad, debido a todas las condiciones de vida antes descritas.

Como queda claro, la situación de la clase obrera inglesa era deplorable. Increíblemente a dos siglos la historia sigue siendo así en muchos sitios de África, América Latina y Asia. Las epidemias son un absurdo en pleno siglo XXI, en la era de las computadoras y el micro chips, cuando se habla de la creación de inteligencia artificial. A lado de esos desarrollos suena increíble que la salud de millones de hombres siga siendo mermada debido a falta de condiciones adecuadas para vivir y trabajar.

Pero esa es solamente la situación en la vida cotidiana de las ciudades y fuera de las fábricas. Lo peor aún no se ha dicho, miles de obreros fabriles se ven obligado a trabajar en condiciones inhumanas con la presión moral de ser despedido en cualquier momento, por quedarse dormidos, por no ir al ritmo de las inagotables máquinas, por no aceptar y rendir las más de 12 horas de trabajo, en las que comúnmente se pasan nueve de esas horas sin parar un solo momento. Todo lo relatado por Engels en este libro es aterrador. La situación de los niños, hijos de obreros, engendros de la mala condición física de su madre, habitualmente también trabajadora, y condenado desde antes de su nacimiento a una existencia precaria es traído al mundo débil, expuesto a cualquier enfermedad e incluso ya enfermo. Aún así se ve obligado a trabajar desde muy pequeño para ayudar al sustento de la familia. Los niños son privados del aire fresco, del juego que le permitirá fortalecer sus músculos, y la convivencia que le ayudara a un desarrollo integral. Nada de eso existe para un niño obrero, en cambio se presenta ante él el ambiente viciado y asfixiante de la fábrica, que lo explota por largas jornadas, lo mismo es para el resto de su familia.

Los obreros y obreras, ya sean adultos o niños, ven seriamente afectada su saludo debido a las condiciones de trabajo en la fábrica. Las largas horas de trabajo de pie deforma su columna vertebral, las caderas y las piernas; en los trabajos de afilado de cuchillos, las minas, etcétera. Las partículas metálicas cortantes se introducen en los pulmones para asegurar una muerte prematura: estos trabajadores no viven más de 35 o 45 años. Las mujeres y los niños de la costura y confección, sufren deformaciones en columna y manos, la vista de ve afectada al grado de la ceguera y la tuberculosis es casi inevitable. Se genera un agotamiento considerable de toda la energía física y por ende todo género de males. El ambiente en las fábricas es generalmente caluroso y húmedo, por lo que los obreros llevan poca ropa puesta, sin embargo, al cambio de temperatura al salir, o al entrar una ráfaga de viento fresco causaba resfriados que fácilmente podían complicarse. Los obreros ingleses se veían seriamente afectados por las enfermedades crónicas, de modo que ante una enfermedad ya presente el ambiente de la fábrica y estos cambios de temperatura traen mayores complicaciones.

El ambiente depresivo y el constante estrés también juegan si papel en el debilitamiento del sistema inmunológico, de modo que los obreros ingleses del siglo XVIII tienen una vida raquítica repleta de enfermedades constantes y crónicas, todo ello para asegurarse sólo el sustento mínimo necesario para la vuelta al trabajo al día siguiente. De este modo miles de obreros son absorbidos por el capitalismo para arrojar ganancias a la burguesía. La burguesía no está dispuesta a comprar asientos, a brindar servicio médico, ni a elevar los salarios o mejorar las condiciones de la fábrica: esto se traduciría en menores ganancias para ella. Los obreros ya que ya no pueden dar más de sí son simplemente reemplazados por algunos de esos miles sin empleo. De modo que antes de conservar la mano de obra acuden a su reemplazo.

En este 2009, ante esta crisis económica, las condiciones de trabajo se precarizan cada día más. En cada crisis económica los niveles de vida se desploman, la vida en la fábrica se hace más sombría afectando severamente la salud y el ánimo de los obreros, no podría ser de otro modo. Es gracias a esto que el capitalismo se mantiene en pie y en esta etapa de imperialismo la situación sólo se a extendido fuera de Inglaterra más no a desaparecido y no lo hará hasta que se resuelva la contradicción entre los millones de pobres, productores de riquezas “ajenas”, y la burguesía que basas sus beneficios en la explotación de la clase trabajadora. Por consecuencia los problemas de salud no hallarán soluciones reales sin que se cambie radicalmente de raíz esta sociedad eliminado la propiedad privada capitalista. La revolución hoy más que nunca es posible y necesaria. ¡Socialismo o barbarie!
Escrito por Clara Torres
Publicado en Militante (http://www.militante.org )

martes, 9 de junio de 2009

ES POSIBLE OTRA POLITICA


La pregunta está en el aire: ¿Por qué el 60% se abstiene en las elecciones europeas? La izquierda se ha quedado en casa, lo que supone que el movimiento obrero y las clases populares no acepta esta Europa que recorta derechos- tanto políticos como sociales-; pues se pretende volver al siglo XIX con la flexibilidad y el trabajo en precario.
Una Europa que va cerrando el grifo de las prestaciones sociales. Por poner un ejemplo, la Francia de Sarlozy criminaliza y culpabiliza al parado y pretende quitarle la Renta Mínima de Inserción y sustituirla por la RSA forzándole a aceptar el trabajo en precario
Podríamos poner más ejemplo como la privatización de los servicios o la directiva Bolkenstein. Pero quiero sintetizar. La solución no es continuar girando a la dercha y continuar abrazando políticas neoliberales. Sólo voy a describir hechos:
1. En Alemania ha caido el SPD que se encontraba en coalición con los conservadores de la Democracia Cristiana. Por su parte Die Linke (el partido salido de la fusión de la izquierda del SPD dirigida por Oskar Lafontaine y el antiguo Partido Comunista de Alemania del Este) consigue el 7% y 8 eurodiputados
2. En Francia el Frente Unitario (formado por una escisión de izquierda del PSF, el PCF y ex-LCR) alcanza 4 eurodiputados
3. En Portugal el Bloque de izquierdas consigue llegar al Europarlamenteo
4. En Irlanda el dirigente del Partido Socialista Joe Higgins es elegido miembro del Europarlamento al conseguir 50.510 votos derrotando al lider del Sein Fein. El Partido Socialista consigue 2 escaños para el Europarlamente y además consigue 6 escañoe en las elecciones a los concejos locales.
OTRA POLÍTICA ES POSIBLE.¡ES NECESARIO UN PROGRAMA DE IZQUIERDAS!
Javier Méndez-Vigo

domingo, 7 de junio de 2009

GANO LA DERECHA



Leon TROTSKY, cuando analizaba la situación en la Europa de los 30 (triunfo del nazismo alemán, triunfo del fascismo italiano, ascenso de la extrema derecha en toda Europa) afirma lo siguiente:
1. En momentos de "crisis aguda" del sistema capitalista si las direcciones obreras no dan salidas de clase las clase obrera y los movimientos populares terminan por votar a la demagogia y al populismo.
2. Las elecciones son una foto fija que lo único que plasman son las contradicciones de la lucha de clases en un momento dado. Es decir, que la lucha de clases no se soluciona en el Parlamento.
Si nos remitimos al primer punto. ¿Ha habido alguna solución para las clases populares desde que ha comenzado la crisis? Pongamos un ejemplo. Ante el robo, la estafa y el fraude de los especuladores y el negocio del capital financiero lo que se ha pretendido es una vuelta al "keynesianismo". Pero el keynesianismo es tan sólo una receta burguesa que sirve para la "nacionalización de las pérdidas", para cuando vuelva el inicio ascedente del ciclo económico volver a privatizar. Llevamos década que nos dice que no hay dinero para pensiones, que no hay dinero para el desempleo. PERO AHORA RESULTA QUE SI HAY DINERO PAR SALVAR LA ECONOMIA ESPECULATIVA DE CASINO... Además, el triunfo del keynesianismo en la postguerra se debe entre otras cosas a un gran pacto social que se produce por "miedo" al avance de un enemigo exterior (el bloque soviético y la economía planificada). Hoy no existe ese enemigo.
En cuanto al segundo punto. La lucha de clases es "dialéctica" y el papel del parlamento expresa sólo un momento de dicha dialéctica. El triunfo de la derecha supone una profundización en la política (neo)liberal, supone un profundo recorte de libertades democráticas (que en el Estado Españo hemos visto incluso en el mismo momento de las elecciones, con el intento de ilegalización de una organización de izquierdas y del momivimiento popular como es Iniciativa Internacionalista, que por cierto ha sacado más de 170 mil votos). Este triunfo supone la profundización de recortes sociales y de nuevo supondrá un ataque frontal al movimiento obrero europeo, con la vuelta de proposiciones como la de las 65horas o la directiva Bolkestein.
Solo la unidad del movimiento obrero y del movimiento popular, solo la defensa de las conquistas sociales y la defensa de todos los derechos democrático puede hacer avanzar hacia una Europa distinta. Sólo una dirección política que luche por la Europa de los Pueblos, por una Europa Socialista puede acabar con el auge de la derecha, con el auge del populismo de derecha. De lo contrario nos adentraremos de nuevo a lo que llevo la derrota de la República de Weimar... al Fascismo.
Javier Méndez-Vigo

lunes, 1 de junio de 2009

¡VUELVEN LOS BUITRES!


Vueven lo "buitres" de nuevo, que no las palomas. Especie de animal que se alimentan de la carroña y de los cadáveres. Comencemos por el primero. D. Pedro J.; aquél que cuando en la transición dirigía el Diario 16 creía necesario terminar con ETA a cualquier precio. Aquel que aplaudía el asesinato de militantes etarras por parte del Batallón Vasco Español, precisamente cuando algunos algunos dirigentes del actual PP también lo aplaudían. Cuando Martín Villa o Roson dirigía el ministerio del interior, o cuando en Euskadi también aplaudían personajes como Manuel Oreja (hoy tan demócrata). Cuando uno de los peores comandos de aquel terrorismo de Estado residía en las playas de Castellón y eran dirigidos por los hermanos Perret. Con malas compañías...
Este buitre, luego arremetió contra el "terrorismo de estado" de los GAL, pero nunca quiso (ni él ni su acólito Melchor Miralles) investigar el terrorismo del Batallon Vasco Español, ni quisieron investigar el asesinato de Yolanda Gonzalez...A lo mejor es que ahora son amigos de aquellas malas compañías que se paseaban por las playas de Benicassim. Playas por cierto donde también se reunían algunos golpistas....
Y ahora vuelven con la Conspiración. MALDITOS DEMÓCRATAS
Javier Méndez-Vigo

jueves, 28 de mayo de 2009

LA BOLCHEVIQUE ENAMORADA (A. Kollontai)

26/05/09
Amores y desamores contra el heroico y trágico telón de fondo de la revolución rusa

La bolchevique enamorada
Alexandra Kollontai
Txalaparta
Buenos Aires, 2008
232 p.





Mi amigo vio el libro que apoyé sobre la mesa y preguntó de qué trataba.
–Es una novela de Alexandra Kollontai que acabo de leer y me pareció buenísima.
–¿Y cómo termina? ¿Al final, la protagonista se casa? –ironizó mi amigo sobre el título que llamaba su atención, demasiado romántico para lo que suponía podía escribir Kollontai.
–¡No! –le dije, redoblando su ironía- esta novela tiene un final feliz.
La novela que tenía sobre la mesa era La bolchevique enamorada, la única de Alexandra Kollontai quien, antes y después de esta experiencia literaria, se dedicó a escribir casi exclusivamente –con excepción de algunos relatos cortos[1]- artículos y folletos de propaganda. Quizás a esa escasa trayectoria se deban el tono duro de sus diálogos, la austeridad de recursos en la descripción de personajes y escenarios y la falta de pretensiones de su estilo. Como señala Jacqueline Heinen respecto de sus relatos cortos, y que bien puede atribuirse también a esta novela, “podemos irritarnos en más de una ocasión por el vocabulario empleado, la tonalidad a veces algo necia de ciertas escenas, pero ello no quiere decir que las lectoras de fines del siglo XX no se sientan muy afectadas por los problemas de fondo que plantea Kollontai a propósito del amor y de la vida de la pareja.”[2]
Sin embargo, a pesar de no tratarse de una excelente obra literaria, desde el punto de vista formal, La bolchevique enamorada es una novela de amor, histórica, de propaganda comunista y, además, de esas que provocan que no se pueda parar de leerlas hasta llegar al final, de un tirón. La bolchevique enamorada fue publicada en Moscú en 1927 y su autora decidió presentarla diciendo que no se trataba de “un estudio ético ni un cuadro de la vida en Rusia soviética. Es puramente un estudio psicológico de las relaciones sexuales del período de la postguerra.(…). Mi intención al escribir este libro es que sirva, aunque sea un poco, para combatir la vieja hipocresía burguesa de los valores morales y para demostrar una vez más que empezamos a respetar a la mujer, no por su ‘moral buena’, sino por su actuación, por su sinceridad, con respecto a los deberes de su clase, de su país y de la Humanidad en general.”[3]
Pero ¿quién era esta mujer que podía editar una novela sobre la vida en Rusia al mismo tiempo que el creador del Ejército Rojo –quien fuera junto con Lenin uno de los máximos dirigentes de la revolución de 1917- era expulsado del partido en el décimo aniversario de aquella gesta heroica?

De una infancia rica a la toma del poder

Alexandra había nacido en San Petersburgo el 31 de marzo de 1872, en el seno de una familia de ricos terratenientes, lo que le permitió educarse con un instructor particular en una nación donde sólo de cada trescientas muchachas tenía acceso a la educación media.[4] Siendo joven estudió historia del trabajo en Suiza y, en 1899, se afilió al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) donde se enroló en la fracción menchevique.[5]
Después de presenciar los acontecimientos del Domingo Sangriento, cuando centenares de obreros perecieron bajo los fusiles de la autocracia mientras –conducidos por un pope de la iglesia ortodoxa- peticionaban al Zar, Alexandra se involucró en el proceso revolucionario que conmocionó a Rusia, escribiendo artículos y organizando a las mujeres trabajadoras. Frente al ataque que recibió de la reacción por su labor entre las obreras, la corriente menchevique aclaró que se oponía a la política de organización independiente de las trabajadoras que ella llevaba adelante, en la editorial de su periódico Voz Socialdemócrata. Rápidamente, con la publicación de su artículo “Finlandia y el socialismo” –en el que Kollontai hace un llamamiento a la insurrección contra el régimen zarista- le llegó el exilio. En Europa, entró en contacto con los partidos socialdemócratas de Alemania, Gran Bretaña y Francia. Su nivel cultural y sus viajes son los que, el resto de su vida, le permitieron hablar fluidamente más de media docena de idiomas.
En el inicio de la Primera Guerra Mundial se opuso a ésta, al mismo tiempo que se unía definitivamente a los bolcheviques, viajando por Europa en una campaña contra la contienda imperialista. Algo similar a lo que sucede con su personaje de La bolchevique enamorada que “Fue admitida en la organización, pero Vassilissa no se hizo bolchevique inmediatamente. Discutió con los miembros del Partido. Les hizo varias preguntas, y se marchó indignada. Después de larga deliberación volvió por su propio impulso, diciendo: ‘Quiero trabajar con vosotros.’”[6]
Sin embargo, a pesar de su compromiso con esta causa, Kollontai no pudo participar de la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas convocada por Clara Zetkin en la que se acuñó la fórmula de compromiso de “guerra a la guerra”, entre las distintas delegaciones. La compañera de Lenin lo recuerda con estas palabras: “Kollontai había dejado a los mencheviques para esa época. En enero ella escribió a Vladimir Ilich y a mí, enviándonos un panfleto. ‘Mi estimada camarada –escribió Vladimir Ilich en retorno- (…). Según parece, usted no concuerda del todo con la consigna de la guerra civil y le asigna, por así decir, un lugar subordinado (y quizás aún condicional) ante la consigna de la paz. Y usted subraya que ‘debemos adelantar una consigna que nos una a todos’. Le diré francamente que lo que yo más temo en el momento presente es una unidad indiscriminada que, estoy convencido, es la más peligrosa y dañina para el proletariado.’”[7] Finalmente, Alexandra Kollontai pudo participar de la Conferencia de Zimmerwald, donde se reunieron delegaciones internacionalistas de la socialdemocracia europea. Allí acompañó la posición de la delegación bolchevique encabezada por Lenin quien planteaba, en minoría, que los socialistas debían romper la colaboración con los gobiernos burgueses, que era necesaria la movilización de las masas contra el social-chauvinismo y la transformación de la guerra en guerra revolucionaria. “Simpatizaba con los bolcheviques y admiraba a Lenin porque se oponía a la guerra de una manera muy resuelta.”, dice de su personaje Vassilissa, como si esta joven obrera bolchevique se tratara de su alter ego.[8]
Al estallar la revolución, en febrero de 1917, Alexandra Kollontai regresa a Rusia y es electa para el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado. Entretanto, Stalin sostiene que hay que consolidar las conquistas democrático-burguesas, proponiendo que el partido bolchevique apoye al gobierno provisional de Kerensky, cuando Lenin aún no había regresado de su exilio. Pero una minoría de obreros metalúrgicos, apoyados por Kollontai, resiste esta postura de Stalin, en sintonía con la visión del dirigente bolchevique que sostenía que los soviets eran organismos para el ejercicio del poder y que era necesario superar la revolución burguesa con la revolución proletaria.
En julio, Alexandra fue encarcelada junto a centenares de bolcheviques, después de que fueran derrotadas las jornadas donde miles de obreros y soldados levantaron la consigna de “todo el poder a los soviets”. “Cuando llegué a Rusia, Kollontai estaba en prisión”, relata la periodista norteamericana Louise Bryant. “Había sido exiliada por su oposición al zarismo. Fue encerrada nuevamente por discrepar con el gobierno provisional. Sabían que era una bolchevique y por aquel ‘crimen’ fue detenida en la frontera rusa bajo el vergonzoso cargo de ser una espía alemana. Fue liberada nuevamente porque no encontraron pruebas para procesarla. Fue detenida nuevamente y encarcelada por Kerensky después del levantamiento de julio, por haber dicho abiertamente que los soviets eran la única forma de gobierno para Rusia…”[9] Aún permanecía prisionera cuando fue elegida para integrar el Comité Central del Partido Bolchevique, el mismo que condujo la insurrección de octubre con el voto negativo de sólo dos de sus miembros: Zinoviev y Kamenev.
Tras la toma del poder, Alexandra Kollontai fue nombrada Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública, un cargo de nivel ministerial. “Jueves 8 de noviembre. Amaneció el nuevo día sobre una ciudad presa de la excitación y el desorden, sobre una nación agitada por una formidable tempestad. (…). Se nombraron comisarios temporales para los diferentes ministerios: para el de Negocios Extranjeros, Uritski y Trotsky; para el del Interior y Justicia, Rykov; para el de Trabajo, Chliapnikov; Hacienda, Menjinski; Asistencia Pública, Alejandra Kollontai… (…). Movidos por un solo impulso, todos nos encontramos súbitamente de pie, uniendo nuestras voces al unísono y lento crescendo de La Internacional. Un viejo soldado entrecano sollozaba como un chiquillo. Alejandra Kollontai contenía las lágrimas. El canto rodaba vigorosamente por la sala, estremeciendo las ventanas y las puertas y yendo a perderse en la calma del cielo. ¡La guerra ha terminado! ¡La guerra ha terminado!, gritó cerca de mí un joven obrero, con el rostro radiante.”[10]
Diez años más tarde, el mismo año en que se publicaba La bolchevique enamorada, la misma Alexandra homenajeaba a las mujeres que habían participado en esta gran gesta de la clase obrera rusa con las siguientes palabras: “Las mujeres que tomaron parte en la Gran Revolución de octubre, ¿quiénes fueron? ¿Individuos aislados? No, fueron muchísimas, decenas, cientos de miles de heroínas sin nombre quienes, marchando codo a codo con los trabajadores y los campesinos detrás de la bandera roja y la consigna de los Soviets, pasaron sobre las ruinas de la teocracia zarista hacia un nuevo futuro... (…). Cuando se rememoran los hechos de Octubre, no se ven rostros individuales sino masas. Masas sin número como olas de humanidad. (…). En el año de 1917, el gran océano de la humanidad empuja y se balancea, y una gran parte de ese océano está hecho de mujeres. Algún día el historiador escribirá sobre las hazañas de estas heroínas anónimas de la revolución, que murieron en el frente, que fueron baleadas por los blancos y soportaron las incontables privaciones de los primeros años después de la revolución, pero que continuaron manteniendo en alto la Bandera Roja del poder del Soviet y el comunismo.”[11] A una de esas heroínas, Alexandra la sacó del anonimato, le puso de nombre Vassilissa y la transformó en el personaje principal de su novela, esa “muchacha obrera” que “vestía blusa, falda y un cinturón de cuero” que también se había enrolado en el Partido Bolchevique al comienzo de la guerra, como la autora que le dio vida.

Asuntos públicos y privados de la “pequeña camarada”

Desde el ministerio de Asistencia Pública, la “pequeña camarada” –como la llamaban afectuosamente sus colaboradores- será una de las artífices de gran parte de las reformas que se introducen en la legislación sobre la mujer y la familia. Ahora, las mujeres soviéticas podrán elegir libremente su profesión, obtendrán un salario igual por el mismo trabajo que los hombres, tendrán asegurado su acceso en los empleos del Estado, quedarán prohibidos los despidos de mujeres embarazadas, las casadas ya no estarán obligadas a seguir a su marido y la educación será mixta. “Cuando fui nombrada delegada del pueblo para la Asistencia Pública, mi primera preocupación fue trabajar en la elaboración del decreto sobre la protección maternal. Fue entonces cuando la comisaría del pueblo para la Salud creó una sección encargada de la protección de las madres y de los niños e instaló el ‘palacio de la maternidad’.”[12]
Pero, a pocos meses de asumido el cargo, Kollontai renuncia por “razones de discrepancias de principio con la política actual.”[13] Se oponía al tratado de paz de Brest-Litovsk, firmado en marzo de 1918, después de arduas negociaciones para conseguir el armisticio con el fin de sacar al naciente estado obrero de la Primera Guerra Mundial, mientras se esperaba el avance de la revolución proletaria en Alemania. León Trotsky, comisario de Asuntos Exteriores, recuerda los debates suscitados por la firma del tratado: “La lucha, dentro del partido, hacíase cada día más violenta. (…). Lenin era partidario de que intentásemos diferir las negociaciones, capitulando inmediatamente caso de que se nos dirigiese un ultimátum. Yo era de opinión de que provocásemos la ruptura de las negociaciones, afrontando el riesgo de que Alemania volviese a atacarnos, para, en este caso, capitular ante la imposición evidente de la fuerza. Bujarin pedía que se llevase adelante la guerra, para de este modo abrir los horizontes revolucionarios.”[14] El 21 de enero, la posición de Bujarin ganó, provisoriamente, por 32 votos contra 15 para la de Lenin y 16 para la de Trotsky. Entre esos últimos votos obtenidos por el comisario de Asuntos Exteriores, se contaba el de Alexandra Kollontai. “‘¿No te da lástima de tu madre? ¡Eres la vergüenza de la familia! ¡Mezclada con los bolcheviques! Estás vendiendo tu país a los enemigos.’”, le recrimina a Vassilissa su madre, cuando en la novela, ésta apoya las negociaciones de Brest-Litovsk y decide irse a vivir con una amiga, abandonando la morada familiar.[15]
Las discrepancias de Kollontai sobre este asunto no impidieron, sin embargo, que impulsara la organización del Primer Congreso Panruso de Trabajadoras, donde se resuelve la creación de comisiones de agitación y propaganda entre las mujeres que fueron el embrión del Zhenotdel, la Secretaría de la Mujer del partido que publicará el periódico La Comunista. La tarea central del Zhenotdel era la organizar a las mujeres que no eran miembros del partido, para enseñarles sus derechos y comprometerlas en la construcción del estado obrero. La misma Kollontai rememora aquel congreso en sus recuerdos sobre Lenin: “En el tiempo en que el congreso fue convocado, algunos no apreciaron su importancia y significado. Recuerdo que había oposición de Rykov, Zinoviev y otros. Sin embargo, Vladimir Ilich declaró que el congreso era necesario.”[16]
Esta falta de comprensión y oposición de viejos dirigentes bolcheviques también aparece representada en su novela. “Vassilissa se enfadaba; discutía con los compañeros y se peleaba con el secretario del distrito. ‘¿Por qué han de ser los problemas de las mujeres menos importantes? Esta idea es común en vosotros. Por eso están las mujeres tan atrasadas. Pero no triunfaréis en la Revolución sin las mujeres.’”[17] En relación a los derechos de las mujeres, como el personaje de su novela, Alexandra “sabía lo que quería y, por lo tanto, no transigía. Muchos habían perdido el entusiasmo; poco a poco se quedaron rezagados, hasta que terminaron por quedarse en casa.” La dirigente bolchevique, como su personaje, continuaba igual “siempre luchando, siempre organizando algo, siempre insistiendo sobre un punto determinado.”[18]
Pero a pesar de la intensa actividad de estos primeros meses posteriores a la toma del poder, Alexandra Kollontai se hizo tiempo para casarse por segunda vez –según el nuevo código civil- con un camarada diecisiete años menor que ella, un héroe de la flota del Báltico. Trotsky, a propósito de retratar la vulgaridad de Stalin, en su inacabada biografía de éste, apunta una anécdota que involucra a la pareja: “De detrás del tabique llegó hasta nosotros el vozarrón de Dybenko: estaba hablando con Finlandia y la conversación era un tanto tierna. El corpulento y arrogante marinero de veintinueve años y negra barba había intimado hacía poco con Alexandra Kollontai, mujer de antecedentes aristocráticos, que conocía media docena de lenguas extranjeras y se acercaba a los cuarenta y seis. En ciertos círculos del Partido se murmuraba no poco a propósito de aquello. Stalin, con quien hasta entonces no había sostenido yo una conversación personal, vino hacia mí con una especie de inesperado alborozo, y señalando con el hombro hacia el tabique, dijo a través de una sonrisa forzada: ‘¡Ahí está ése con Kollontai, con Kollontai!’ Sus gestos y su risa me parecieron fuera de lugar y de una vulgaridad insoportable, especialmente en aquella ocasión y aquel lugar. No recuerdo si le contesté algo, volviendo la cabeza a otro lado, o si le respondí secamente: ‘Es asunto suyo.’”[19] Pero a pesar de la ternura demostrada en estos primeros días de matrimonio, Alexandra abandonará a Dybenko. Cuatro años más tarde le escribe: “No soy la esposa que necesitas, soy un individuo antes que una mujer.”[20]

La NEP y la Oposición Obrera

El invierno de 1920 a 1921 fue extremadamente crudo, las bajas temperaturas y el hambre causaron dos millones de muertes. La revolución persistía en medio de enormes dificultades: la producción agrícola había descendido en un 60% respecto de 1914, la producción industrial había quedado reducida a un 15%. Lenin decía: “El proletariado es la clase que participa en la producción de bienes materiales en la industria capitalista a gran escala. En la medida en que la industria a gran escala ha sido destruida, en la medida en que las fábricas están paradas, el proletariado ha desaparecido.”[21] Y esto tenía consecuencias políticas: el Estado se apoyaba en una clase obrera diezmada por la guerra civil, el hambre y porque los trabajadores se volvían al campo en busca de comida.
Los marineros de Kronstadt, en el Báltico, se amotinan; entre sus demandas incluyen un mercado libre para el grano. La oposición de los campesinos –que constituían nada menos que el 80% de la población- al gobierno de los soviets hacía peligrar el futuro de la revolución. Es entonces que, el Xº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética promulga, por decreto del 21 de marzo de 1921, la nueva política económica (NEP), requiriendo una cantidad específica de productos agrícolas o materias primas a los campesinos como medida de emergencia y dando la libertad para vender el resto de la producción.
La crisis obligaba a los bolcheviques a restaurar la propiedad privada, en algunos sectores de la economía, reemplazando la política de “comunismo de guerra” de los años anteriores. Con estas medidas, la producción agrícola se incrementó considerablemente. Pero esta política también fortaleció a los campesinos ricos y a los especuladores, esos hombres y muchachas de la NEP que son los personajes más despreciables de La bolchevique enamorada. Cuando Vassilissa emprende el viaje en tren para reencontrarse con su amado, comparte el camarote con una de estas mujeres que se beneficiaban con las actividades especulativas. “Su compañera de viaje era una muchacha de la NEP, muy llamativa, vestida con sedas, perfumada, con pesados pendientes”, un comportamiento ajeno e impensado para millones de mujeres trabajadoras hundidas en la miseria.[22]
Para Lenin y Trotsky, estos cambios en la política económica constituían un retroceso ordenado, para hacer tiempo hasta la próxima oleada de la revolución internacional. Sin embargo, no desconocían los peligros que acarreaban estas medidas: la NEP abría las puertas a las presiones de clases antagónicas con el proletariado que podían provocar una ruptura en el Partido Comunista, dando paso a la restauración. Por eso, al mismo tiempo que introducía la NEP, Lenin proponía, como medida preventiva y excepcional, la prohibición del derecho a fracción dentro del partido.
Pero en medio de esta situación, Lenin enfrenta aún a otro grupo que se denomina Oposición Obrera: “Una desviación ligeramente sindicalista o semianarquista no habría sido muy grave porque el partido la habría reconocido a tiempo y se habría preocupado de eliminarla. Pero, cuando tal desviación se produce en el cuadro de una aplastante mayoría campesina en el país, cuando crece el descontento del campesinado ante la dictadura proletaria, cuando la crisis de la agricultura alcanza su límite, cuando la desmovilización del ejército campesino está liberado a centenares y millares de hombres deshechos que no pueden encontrar trabajo y no conocen más actividad que la guerra, pasando a alimentar el bandidaje, ya no es tiempo de discusiones acerca de las desviaciones teóricas. Debemos decir claramente al Congreso: no permitiremos más discusiones sobre las desviaciones, es preciso detenerlas (...). El ambiente de controversia se está haciendo extraordinariamente peligroso, se está convirtiendo en una auténtica amenaza para la dictadura del proletariado.”[23] En la Oposición Obrera se encontraba enrolada Alexandra Kollontai. Se trataba de un grupo de trabajadores metalúrgicos, encabezado por ella y el dirigente sindical Alexander Shliapnikov, quienes consideraban que había que entregar la dirección de la economía a un congreso de productores, dar la dirección de las fábricas y empresas a los sindicatos y elegir a los directores por el voto directo. Lenin responde: “En estos últimos meses se ha revelado claramente en el seno del Partido una desviación sindicalista y anarquista, que exige las medidas más enérgicas de lucha ideológica, así como la depuración y el saneamiento del Partido.(…). En primer lugar, el concepto de ‘productor’ engloba al proletario con el semiproletario y con el pequeño productor de mercancías, apartándose así radicalmente del concepto fundamental de la lucha de clses y de la exigencia básica de diferenciar con precisión las clases. En segundo lugar, orientarse hacia las masas sin partido o coquetear con ellas, como se hace en la tesis citada, es apartarse del marxismo de un modo no menos radical. (…). El marxismo nos enseña (…) que sólo el partido político de la clase obrera, es decir, el Partido Comunista, está en condiciones de agrupar, educar y organizar la vanguardia del proletariado y de toda la masa trabajadora, la única capaz de resistir a las inevitables vacilaciones pequeñoburguesas de esta masa, alas inevitables tradiciones y recaídas en la estrechez de miras gremial o en los prejuicios gremiales entre el proletariado y dirigir todo el conjunto de las actividades de todo el proletariado…”[24]
En la ficción, corre el año 1922 y la autora hace reflexionar al personaje: “… Vassilissa tampoco era la misma. ¿Por qué? ¿De quién era la culpa? Con las manos en la cabeza, Vassilissa pensaba. En aquellos años nunca había tenido tiempo para pensar. Vivía y trabajaba. Pero ahora tenía la sensación de haber olvidado o descuidado algo. ¿El qué? Discordia dentro del Partido, disgustos en las organizaciones…”[25] Ella también se junta, con otros compañeros, para presentarse como un grupo de opinión en el siguiente congreso del partido. “La tendencia de Vasya fue derrotada. Pero había obtenido más votos de los que ella esperaba. Eso también era una victoria.”[26]
En la vida real, la Oposición Obrera impugna las decisiones del Xº Congreso del partido ante la Internacional Comunista, mediante una carta conocida como la “Declaración de los 22.” En el congreso siguiente, una comisión propone la expulsión de Kollontai y Shliapnikov entre otros, pero es rechazada.
En La bolchevique enamorada, transcurren los meses en que Vassilissa se reencuentra con su amor, pero éste ya no es el mismo. Ahora, Vladimir ocupa un cargo de director en una empresa y mantiene relaciones comerciales con los especuladores de la NEP. Cuando quiere congraciarse con su Vasya, ésta se enfurece. “-¿Ése es tu sueldo? ¿Tu sueldo mensual? Pero ¿cómo te atreves tú, un comunista, a gastarlo en tales tonterías? ¡Y cada vez mayor pobreza! ¡A tu derredor miseria y hambre! ¿No habrás hecho algo que no debías para llegar a ser director?”[27], interroga Vassilissa, cuando ve los muebles del nuevo hogar que van a compartir.
La vida de la pareja no se parece a la que ella imaginaba en aquel viaje en tren que la conducía a los brazos de Vladimir. Todas las noches la casa se llenaba de invitados que no le simpatizaban a la obrera bolchevique: directores de empresas, hombres de la NEP, oficiales de la GPU… y, para peor, sus esposas que vestían de seda, con abrigos finos y los dedos relucientes de sortijas. “La dama dijo que era religiosa y que se confesaba, aunque no ayunaba. ¿Cómo podía ser eso?, ¡un compañero de la GPU casado con una creyente! Vasya frunció el ceño. Se puso de mal humor. Vladimir tenía la culpa también. ¿Qué clase de amigos tenía?”[28]
Pocos años más tarde, Alexandra recorrería el mundo, viviendo en embajadas suntuosas de la Unión Soviética, convertida en cárcel y tumba de miles de auténticos revolucionarios. Pero en la novela, es Vladimir el que ha cambiado enormemente. “Vasya miraba con indignación a su marido dormido. ¿Era posible que este hombre fuese su amante, que alguna vez hubiera sido su amigo y compañero? ¿Era éste el hombre con el que había luchado por el Soviet? Era un extraño, un desconocido. ¡Qué sola estaba!”[29]

Un final silencioso

Hacia el final de la novela, Vassilissa se recobra a sí misma, recobra nuevos bríos y el placer de dedicar su vida a la actividad revolucionaria, después de haber intentado, infructuosamente, recuperar el viejo amor de 1917 que había cambiado tanto bajo la influencia de la NEP. Pero cuando regresa a su habitación en la vieja comuna que ella había ayudado a construir con su propio esfuerzo, llueven las quejas: el club de niños había sido disuelto porque no representaba más que un gasto; los libros de la biblioteca se habían vendido cuando se instituyó la nueva política económica. “¡Que la NEP se ocupase de sus asuntos, pero que dejase en paz las cosas que los obreros habían edificado laboriosamente!”, piensa Vassilissa.[30]
Su vieja amiga Grusha le dice: “Eso es lo peor de todo; el modo como nuestros hombres desertan para convertirse en directores. Pero no te sientas desgraciada, Vasya. ¡Quedan muchos más de los nuestros! Fíjate en ésos que no pertenecen al Partido. Entre ellos encontrarás comunistas de verdad, proletarios comunistas sinceros.” Los otros “hace tiempo que cambiaron sus ideas proletarias por lámparas y colchas. No nos comprenden.”[31] Sin embargo, advierte que entre los miembros de la clase trabajadora, reinan el desgano y la apatía: “Guarda tu amor, tu corazón para los trabajadores; su situación es difícil ahora. Muchos de ellos han perdido la fe en sí mismos.”[32]
Ese sentimiento se expande en la Unión Soviética, más aún con la muerte de Lenin, ocurrida el 21 de enero de 1924. Algunos meses antes, Alexandra se incorpora al cuerpo diplomático de la Unión Soviética, siendo la primera mujer embajadora de la historia, ejerciendo su cargo en Noruega, Suecia y México. Esto la aleja del centro de las actividades políticas de Moscú y Petrogrado, pero a cambio, le evitan el riesgo de deportación y ejecución de los que son víctimas sus compañeros junto a otros oposicionistas, de ahí en adelante. Shliapnikov no pudo escapar a este destino: en 1932 fue obligado por Stalin a autocriticarse públicamente; al año siguiente fue expulsado del Partido Comunista; más tarde fue arrestado y, en 1937, fue ejecutado.
Hasta su muerte, acaecida en Moscú el 9 de marzo de 1952, Kollontai permaneció en el exterior y la mayoría de sus escritos trataron sobre temas relativos a la mujer, la familia y la sexualidad. También publicó su autobiografía.
¿Cuánto hubo de desconocimiento acerca de lo que acaecía en el Estado obrero aprisionado por la bota de Stalin? ¿Cuánto de desazón, de escepticismo, de desmoralización y cansancio como para emprender una nueva batalla por sus convicciones? Lo cierto es que, Alexandra Kollontai, quien en numerosas ocasiones mantuvo divergencias con las líneas directrices de Lenin y que, sin embargo, siempre acató la decisión mayoritaria y las resoluciones del partido, esta vez guardó silencio. ¿Una vez más trató de acatar la disciplina sin miramientos? ¿O más bien fue un intento de escapar a las garras de la reacción que aplastaba cualquier discrepancia con los campos de trabajo forzoso, los juicios sumarios y los fusilamientos?
Trotsky, como miles de oposicionistas de izquierda al régimen termidoriano impuesto por Stalin, no escapó a este destino. En 1932, al fundador del Ejército Rojo perseguido por todo el mundo, Suecia le negaba una visa por pedido de Alexandra Kollontai que cumplía, así, con las órdenes del Kremlin. “La fracción stalinista tomó una posición vergonzosa en la contienda clasista sobre el problema de la visa. A través de sus agentes diplomáticos hizo todo lo posible para impedir que se le diera la visa al camarada Trotsky. Kobetski en Dinamarca y Kollontai en Suecia amenazaron con represalias económicas y de todo tipo.”[33]
La bolchevique enamorada termina antes de estos acontecimientos dramáticos que golpearon a la clase trabajadora soviética. El final transcurre en medio de estruendosas risas y el grito de Vassilissa a su amiga: “¡Vivamos, Grusha, vivamos!” Lamentablemente, Alexandra eligió hacerlo en el silencio y bajo una falsa disciplina que le salvó la vida a costa de no denunciar los crímenes contra los revolucionarios, que, paradójicamente, se cometían en nombre del socialismo.
Sus oscilantes posiciones políticas y su reclusión en los lujosos salones de las embajadas para evitar mirar al monstruo de frente, no invalidan sin embargo, su notablemente audaz pensamiento sobre las nuevas formas de las relaciones humanas liberadas del yugo capitalista. Esos escritos han perdurado por su perspicacia para reconocer hasta qué punto el amor y la sexualidad obedecen también a los resortes sociales y económicos del mundo en el que vivimos. Pero, fundamentalmente, por su capacidad de imaginar nuevos vínculos igualitarios entre los seres humanos. Vassilissa así lo sueña, hasta lo que conocemos de su historia ficticia. Alexandra supo que los sueños que los bolcheviques fueron capaces de concebir en 1917 estaban siendo estrangulados por “el puño del gendarme y la filosofía del cura” que imponía la burocracia stalinista.
Pero hoy, cuando acaban de cumplirse 90 años de la revolución rusa y Txalaparta edita La bolchevique enamorada, el libro adquiere nuevas dimensiones. Y más allá de las defecciones de su autora, se muestra como un lienzo que expone otras formas y colores del amor, en el marco del compromiso y la convicción revolucionarias. Contra el individualismo que impregna nuestra cultura, La bolchevique enamorada es una lección no sólo de cuánto las mujeres necesitan luchar por su propia individualidad, sino también de cuánto más rico es el amor cuando su objeto es la comunidad y no la posesión del otro.
Andrea Datri (PTS)



[1] Kollontai escribió El amor de las tres generaciones, Las hermanas y El amor libre, en 1923.
[2] Jacqueline Heinen, Introducción a Mujer, Historia y Sociedad. Sobre la liberación de la mujer, de A. Kollontai, Fontamara, México, 1989.
[3] Citado por Zaloa Basabe en el prólogo a la edición de La bolchevique enamorada, en español.
[4] Introducción de Bárbara Funes al capítulo V de Luchadoras. Historias de Mujeres que hicieron Historia, Ediciones del IPS, Bs. As., 2006.
[5] Los mencheviques eran la fracción moderada del POSDR, quienes bregaban por un partido “amplio” y consideraban que en Rusia estaba planteada una revolución burguesa como primera etapa del proceso revolucionario, donde el partido obrero debía ubicarse como ala izquierda.
[6] Alexandra Kollontai, La bolchevique enamorada, Txalaparta, Bs. As., 2008, p. 20.
[7] Nadezhda Krupskaya, Lenin. Su vida, su doctrina, Editorial Rescate, Bs. As., 1984.
[8] Kollontai, op.cit., p. 20.
[9] Louise Bryant, Six Red Months in Russia: An Observers Account of Russia Before and During the Proletarian Dictatorship, George H. Doran Company, New York, 1918. Versión electrónica en <> [T.de A.]
[10] John Reed, Diez días que conmovieron al mundo, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1967.
[11] A. Kollontai, “Mujeres Combatientes en los días de la Gran Revolución de Octubre”, versión en < option="com_content&task=" id="487&Itemid=">
[12] A. Kollontai, Mujer, Historia y Sociedad. Sobre la liberación de la mujer, Fontamara, México, 1989.
[13] Citado en nota al pie de Jacqueline Heinen a Mujer, Historia y Sociedad, op.cit.
[14] L. Trotsky, Mi vida, Antídoto, Bs. As., 1996.
[15] A. Kollontai, La bolchevique enamorada, p. 34.
[16] A. Kollontai, “V.I. Lenin and the First Congress of Women Workers”, versión electrónica en <>
[17] A. Kollontai, La bolchevique enamorada, p. 21
[18] íd.
[19] Trotsky, Stalin, versión electrónica en <>
[20] Citada por Jacqueline Heinen en Introducción a Mujer, Historia y Sociedad, op.cit.
[21] Citado por Ted Grant en Rusia, de la revolución a la contrarrevolución, Fundación Federico Engels, Madrid, s/f.
[22] Kollontai, op.cit., p. 31
[23] Citado por Pierre Broué en El Partido Bolchevique, Editorial Ayuso, Madrid, 1974.
[24] Lenin, “Primer proyecto de resolución del X Congreso del PC de Rusia sobre la desviación sindicalista y anarquista en nuestro partido”, en Acerca de los sindicatos, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1958.
[25] A. Kollontai, op.cit., p. 51.
[26] Íd., p. 75.
[27] Ibíd.., p. 83.
[28] Ibíd., p. 93.
[29] Ibíd., p. 177.
[30] Ibíd., p. 201.
[31] Ibíd., p. 216.
[32] Ibíd., p. 218.
[33] “Una declaración de los bolcheviques leninistas sobre el viaje del camarada Trotsky”, noviembre de 1932, en Escritos de León Trotsky, CD ROM del CEIP “León Trotsky”, Bs. As., 2000.

martes, 19 de mayo de 2009

EL PROGRAMA DE TRANSICIÓN


De nuevo se edita una de las obras fundamentales del "marxismo", obra fundacional de la IV Internacional y escrito en pleno triunfo del nazismo. Un programa que sirvió como bandera de engache ante el reformismo y el estalinismo. Escrito en 1938.
En la edición publicada por la Editorial Fontamara (ya agotada) en 1977-¡cuanto tiempo! en que el movimiento obrero español se enfrentaba a los "herederos" del una de las mayores dictaduras se añadía además las discusiones tenidas por Trotsky sobre el mismo programa y un escrito sobre el noventa aniversario del Manifiesto Comunista.
Libro que nos sirvió a una generación de militantes en la formación y en la discusión sobre el régimen burocrático (junto a otra de las obras fundamentales de Trotsky como fue La Revolución Traicionada). En ambas se sacaban conclusiones sobre lo que falló en la Unión Soviética y que el gran pensador Alan Woods continúa defendiendo en la reedición llevada a cabo por la Fundación Federico Engels: "Lo que falló en la Unión Soviética" no fue socialismo o el comunismo, sino una caricatura burocrática y totalitaria que surgió sobre las bases del aislamiento de la Revolución Rusa en condiciones de extremo atraso material y cultural. La degeneración burocrática de la Revolución Rusa provocó el ascenso de la monstruosa dictadura de Stalin. Como resultado, las genuinas ideas del marxismo revolucionario estuvieron marginadas en el seno del movimiento obrero durante décadas".
La caida del muro y la derrota de los países del bloque soviético hicieron reverdecer la ideología burguesa y el fin de la historia con sus coros postmodernistas. Pero la realidad es cruda...
Trotsky escribe el Programa de Transición en 1938 cuando todos los dirigentes de la Oposición de Izquierda habían sido exterminados en el Gulag soviético, cuando toda la familia de Trotsky había acabado aniquilada por el GPU estalinista. Hasta su mismo hijo Leon Sedov fue asesinado en un hospital de Paris. Pero la entereza y la fe en la Revolución le hicieron decir mirando a Natalia en su casa de Coyacan "la vida es bella". Ese optimismo revolucionario le ayudó a continuar analizando la relidad.
El Programa de Transición es una obra donde Trotsky lleva a cabo un análisis dialéctico de la realidad y donde frente a los diversos reformismos y economicismos monta una dialectica de lo que tiene que ser la lucha por las reformas y el papel de las reivindicaciones democráticas en el camino hacia una sociedad nueva: el Sociliasmo. Pero dicho camino es imposible sin el aumento del nivel de la "conciencia de clase" y sin el papel dirigente de un partido
Javier Mendez-Vigo